
No se produjeron daños de consideración, si bien los operarios del monumento retiraron en la mañana de ayer «varios cristales» que se habían quedado incrustados en la estructura para evitar que cayeran a la barquilla en la que viajan los usuarios. Los vidrios corresponden a los dos farolillos que portaba el mástil, según apuntan los responsables de la conservación del Puente de Vizcaya. «El palo chocó con la viga que soporta el tablero -donde van los carriles por los que se mueve la barquilla--, se desprendió el tope de seguridad que llevaba en el mástil y luego se rompieron las luces», relata José Ramón Romero, Jefe de Mantenimiento. En un primer momento, las personas que en ese instante seguían la delicada maniobra desde la pasarela se alarmaron, aunque enseguida comprobaron que era un incidente menor.
El percance ocurrió hacia las 20.00 horas y ni siquiera llegó a paralizar la actividad del transbordador. El propio barco, construido hace 25 años en los Astilleros Celaya de Erandio, pudo poner rumbo a Canarias -su próximo destino- sin problema alguno, tras convertirse en la principal atracción del Museo Marítimo en plena Aste Nagusia. Un práctico del Puerto de Bilbao comandó la operación, que se desarrolló durante la pleamar «más viva del año», en palabras de la Autoridad Portuaria. Eso fue lo que obligó a retrasar unos minutos la hora de salida del buque, prevista para las siete de la tarde, sólo 14 minutos después de que el nivel del agua alcanzara su máximo.
Maniobra milimetrada
Lo ideal es que los barcos zarpen del museo con pleamar, tal y como detalla el director de las instalaciones, Patxi Garay. «Los muelles de Olabeaga no están bien dragados y es mejor salir con mucha agua para tomar bien las curvas», revela. El problema es que, más adelante, los barcos deben sortear los 45 metros de altitud del Puente Colgante «en pleamar equinoccial». Y el mástil mayor del velero 'Cuauhtémoc' mide 48,5 metros, lo que dificultaba la maniobra más de lo esperado. De ahí que el navío se dirigiera a un ritmo muy lento hacia la desembocadura del Nervión. Había que pasar por debajo del transbordador con escaso margen -«para dar espectacularidad al asunto»-, pero sin accidentarse.
En cualquier caso, Garay tenía otra versión de lo ocurrido. «Me han dicho que golpeó en un foco de la pasarela, por lo que el práctico hizo lo correcto», dijo. Algo que niegan en el transbordador, ya que «ninguna de las 18 luces que tenemos está bajo la pasarela». No es la primera vez que sucede algo similar. En 2000, un mástil del buque-escuela portugués Sagres pegó en el puente porque la tripulación olvidó quitar el gallardete. Antes, en 1989, la grúa de otro barco más pequeño rompió un bastidor.








