-Sus ganas de vivir. No tienen nada, pero son felices y la sonrisa de los niños es permanente.
-¿Aprendió en aquel momento a valorar más las cosas?
-No sólo cuando estuve allí. Sólo con acoger unos meses a un niño saharaui, te das cuenta de muchas cosas. En mi casa lo hicimos cuando yo era más joven y, de no haberlo hecho, ahora sería más egoísta.
-¿Pasan muchas penurias?
-Pasan muchas necesidades, pero no son afectivas.
-¿No hay trabajo?
-Sí que trabajan, pero a cambio de nada. Viven de las ayudas humanitarias y no pueden hacer casas porque el terreno no es suyo.
-¿Se conforman con poco?
-Y lo poco que tienen lo comparten.








