El importe de la multa se lo repartirán, a razón de 3.600 euros cada uno, el guionista y el dibujante. Esta dualidad está siendo fructífera en otros, por ejemplo en el de mis paisanos Idígoras y Pachi, pero se da la evidente circunstancia de que éstos tienen talento. La pareja catalana, por el contrario, sólo es dueña de un cierto descaro y de una mala leche triste. De algo tienen que vivir. El caso es que el revuelo que se formó se reaviva ahora con la decisión del juez Grande-Marlaska, sustituto de su compañero Juan del Olmo, y esto supone que a la revista le ha vuelto a tocar la lotería. ¿En qué dinero podría valorarse la publicidad lograda gratuitamente por este par de botarates?
No es esa la única pregunta. ¿Cuándo se ofende a la Corona? Estamos hasta la coronilla de ver y leer agravios a otras personas. ¿Sólo hay que llevar al tinte las manchas que caen sobre la púrpura? Dicho de otro modo, ¿tiene límites la libertad de prensa? Si los tiene, o al menos fronteras, debe marcarlos el Código Penal. Lo que no es lícito en una democracia es secuestrar una revista, por muy zafia que sea su portada y por muy poco inteligente que sea su contenido. El mal gusto sólo debe ser penalizado por los lectores, pero en vista de la propaganda conseguida el editor debiera recompensar a los dos tontainas. No sólo pagarles la multa.







