
Desde entonces se suceden violentas demostraciones en varias ciudades suecas, que culminaron ayer con las realizadas en Örebro, sede del diario.
La protesta oficial de Pakistán tampoco ha tardado en llegar así como una carta de amenaza a muerte al autor de la caricatura. Y mientras en Karachi un grupo de militantes islamistas, con carteles en los que condenaban a Suecia, quemaron la bandera azul y oro de este reino y un muñeco que representaba al primer ministro, en la ciudad de Lahore, ocurrieron episodios parecidos.
Las embajadas suecas en los países árabes han reforzado su seguridad, mientras Cecilia Julin, jefa de prensa del Ministerio de Exteriores del país escandinavo, ha comentado que no tiene de momento información alguna sobre las medidas que pueda adoptar el Ejecutivo, que sigue cada minuto de todo lo que ocurre en aquellos países. Aunque se espera que pronto llegue la recomendación del ministerio a los turistas suecos para que salgan de las naciones afrentadas si no se arregla la situación.
Amenazas
Vilks, con una frialdad y parsimonia típicamente suecas, comentó ayer a los medios que ha recibido «no una, sino varias amenazas de muerte» con mensajes parecidos: «Morirás pronto» y «prepárate a morir». También dijo que una mujer con acento árabe dejó una frase igualmente amenazadora en su contestador automático. Asegura el caricaturista que aunque tiene más cuidado cuando sale a la calle, no se arrepiente de haber pintado ese can que tanto escándalo e indignación ha levantado entre los sectores islámicos.
Por su parte, el redactor jefe del diario, Ulf Johansson, víctima también de amenazas, no piensa de momento -como su colega danés Carsten Justen- pedir disculpas por la publicación que «nunca se hizo con ganas de molestar los sentimientos religiosos de la comunidad árabe».






