
También la de los investigadores que, por orden del fiscal general de la república, indagan desde el jueves el origen y las referencias de esta última ciberaberración creada sobre Oriente Próximo. Todo con el objetivo de conseguir que los tribunales decreten el secuestro definitivo de un programa que no sólo trivializa con el magnicidio, sino que recrea con toda realidad una guerra anunciada: la de la oposición pro siria encabezada por Hezbolá, que desde diciembre mantiene sitiado el edificio del Gobierno con la amenaza de conquistarlo en cualquier momento y deponer a sus titulares.
Heredero de la más depurada tradición de los llamados 'juegos enfermos', -'Under siege', palestinos asesinando israelíes según las reglas de la Intifada, el estadounidense 'Asalto a Irán', o su respuesta desde Teherán, 'Rescue the nuke scientist'- el vídeo invita a acabar con el poder legítimo libanés en tres fases. Primero, aniquilando a las Fuerzas de Seguridad Interior que protegen la sede del Gobierno, para luego internarse a combatir con milicianos que se entrenan en un laberinto de corredores subterráneos que conducen directamente a la Embajada de Estados Unidos, en Awkar, a 17 kilómetros de Beirut. Una instalación de túneles, hasta donde se sabe, sólo existe en la imaginación del jefe de Hezbolá, el jeque Hasan Nasrallah, que reiteradas veces ha aludido a ella para intentar demostrar la complicidad entre el Ejecutivo de Siniora y la delegación norteamericana.
La trama incluye en un segundo capítulo tirotear a los que logran escapar de los túneles, hombres armados a los que se denomina la «banda de los 14», en deliberada referencia a las llamadas Fuerzas del 14 de marzo que en el arco político libanés reúnen a la mayoría de la comunidad suní y parte de la cristiana bajo el paraguas común de beligerancia antisiria. El combate final, sólo para los jugadores más intrépidos, se libra asesinando a Fuad Siniora y a todos los miembros de su Gabinete durante una sesión del Consejo de Ministros. O según la jerga utilizada por el programador Al-Hajj, abatiendo a «todos los traidores y ladrones» que gobiernan el país.
Colofón
«Felicidades, el juego ha terminado» pone colofón a la masacre. «Una broma de mal gusto», interpretaba ayer el 'L´Orient-Le Jour' beirutí que invocaba la intervención judicial recordando que Líbano está a punto de explotar. Y que los asesinatos políticos no son un juego. Van siete desde Rafic Hariri, en febrero de 2005.
Por otra parte, el presidente del Parlamento libanés, el chií Nabih Berri, advirtió ayer en un discurso de que la «salvación» del país pasa por la elección por consenso en la elección del presidente de la república, que debe decidirse antes de noviembre. Berri acusó al jefe del Gobierno, Fuad Siniora, y a su «gabinete fantasma» de obstaculizar el nombramiento de ese nuevo presidente, que sustituirá al actual, Emile Lahud.






