
Ninguna de esas firmas se atreve a hacer un vaticinio sobre la cuantía del alza de ese alimento, esencial de la cesta de la compra, porque el mercado de la harina aún no se ha estabilizado y no saben qué coste alcanzará ese producto a corto plazo. «La incertidumbre es total», señalaba al respecto un representante de esa actividad.
Prácticamente todos los fabricantes de pan ya realizaron sustanciales subidas a comienzos del presente ejercicio -en torno al 10% en la mayoría de las piezas- ante las tensiones que entonces ya preveían en el abastecimiento de las materias primas.
Arriaundi y Menesa aseguran que, salvo «catástrofe» en el mercado de la harina, no elevarán el precios de sus elaboraciones ni en septiembre ni en octubre, mientras que Usabiaga sólo está en condiciones de garantizarlo para el mes actual, a la espera de ver cómo evolucionan los gastos de producción. Su deseo -subrayan portavoces de esas empresas- sería mantener sus tarifas hasta enero. Pero la carestía de la harina les impedirá mantenerlas muchas semanas, aseguraba un responsable de Usabiaga.
Un 50% de subida
En el último año, destacaron las fuentes consultadas, su coste se ha incrementado en torno a un 50%, con pequeñas variaciones según las políticas de compras de cada industrial y las diferentes calidades. Así, uno de ellos especificaba que desde hace un año ha pasado de pagar 22 céntimos de euros por kilo a 32 -es decir, de 36 y 53 pesetas-; otro, de 18 a 28 céntimos; y el tercero, 22 a 29. Pero lejos de haberse agotado las subidas, el producto sigue su escalada. Uno de las panaderos precisaba al respecto que sólo podía negociar con los fabricantes de harina los precios de los próximos quince días.
El alza de otros artículos que habitualmente se venden en los despachos de pan -bollería y pastelería- será también inevitable porque a los costes de la harina hay que sumar los de la mantequilla, los aceites vegetales y la electricidad, que son básicos en el proceso de elaboración.
La incidencia de ese incremento en la cesta de la compra será muy importante ya que, según estimaciones de la Confederación Española de Organizaciones de Panadería (Ceopan), estos productos representan por sí solos aproximadamente el 10% del gasto en alimentación de las familias.
El precio de los cereales, que es el origen de la crisis actual, se ha disparado tanto por una cosecha corta como por el destino de ingentes cantidades a la elaboración de biodiésel, una política que se intensificará en los próximos años. El sector agrícola mundial tendrá que esforzarse para cubrir la demanda en el futuro.
Los precios del trigo panificable se han elevado cerca de un 50% en España en un año; y en torno a un 66% en Francia, un productor y consumidor mundial de primer orden.






