
PROGRAMA DE HOY
A las cuatro en punto se abren las puertas. En la entrada, dos 'reventas' se hacen la competencia. Unos pocos cientos de personas entran a primera hora. Este año, la duración y el presupuesto se han reducido y el festival, que el año pasado era un «referente nacional en el panorama del rock and roll», vuelve a ser descrito por la organización como «alternativo» y «underground».
Cristina ha sido la primera en entrar. Viene con una amiga, Inma, desde Castellón. Llevan una semana en Euskadi, pero hicieron coincidir el viaje con el festival. «Es la segunda vez que venimos al Azkena y este año se nota que el cartel es menos atractivo». Ellas vienen a ver a Las Furias, el grupo que inaugura el festival. Aunque también les gustan los Diamond Dogs.
Pepi, Luci y Boom
A pesar de llevar sólo siete meses juntas, Las Furias acaban de grabar su primer disco -saldrá a finales de año, producido por el ex-Radio Futura Kike Sierra-, y fueron segundas en el último Bilborrock. Practican una música rabiosa, y su estética parece sacada de una película de Almodóvar. Su vocalista, Miriam E y Nometoques, asegura que sus influencias son Los Ramones, Motorhead o Dictator.
Mientras tanto, sigue llegando gente. Melenudos tatuados, góticos, jóvenes mochileros con estética punk, pero también cuarentones, nostálgicos de otras épocas, con gafas de pasta y chaquetas de pana. Como en todo buen festival, predomina el color negro en las indumentarias. Y es que, como dice el escritor bilbaíno Pablo Martínez Zarracina, los rockeros son «gente que respeta el luto».
A decir verdad hay 'looks' para todos los gustos. «Hay gente que se viste 'de conciertos'», asegura Santi Comelles, que por su trabajo en una discográfica ha estado en muchos festivales. Él viste bastante normalito. «Vengo a ver a los Hoodo Gurus, a Roky Erickson, y por supuesto a los Tool». Vicent Oriola y Eloy Delteso han llegado desde Valencia. Se quejan del cartel, pero con la boca pequeña. «Siempre encuentras algo que no conoces y te gusta», dicen. Es su tercer Azkena, y este año se han traído la tienda de campaña. «Siempre hay muy buen rollo, así da gusto».
Son las seis de la tarde y el público ya se cuenta por miles. Entre tanta gente, alguna cara conocida. Coque Malla, que actuó en el escenario Drambouie, sigue atento el concierto de Los Coronas. La verdad es que a la banda madrileña se le notan las tablas. A la segunda canción ya tiene al público en el bolsillo.
A medida que avanza la tarde, los asistentes se van animando. Geffroy Fabrice está como una moto. Sin camiseta, moviendo la melena al ritmo de la música. Es de Burdeos y tiene 42, aunque aparenta quince más. Apenas sabe quién toca; a él lo que le gusta es el ambiente, la cerveza y el rock and roll.






