
Querellas
La crítica investigación oficial considera que si las autoridades académicas no hubieran malgastado dos horas preciosas antes de dar la voz de alerta se habrían podido salvar muchas vidas. Reproches que abren las puertas para una avalancha de querellas por negligencia contra la Universidad Politécnica de Virginia. Además de presiones para el cese del rector Charles Steger y de Wendell Flinchum, jefe de la fuerza policial encargada de custodiar esa universidad pública con más de 25.000 estudiantes matriculados.
El estudio de la tragedia, a cargo de un panel de ocho especialistas, también reconoce que bloquear todo ese extenso campus, con 131 edificios, hubiera sido imposible. Aunque con un tono similar al de la comisión investigadora del 11-S, la pesquisa ordenada por el gobernador de Virginia incide en la ineptitud demostrada para conectar todos los indicios existentes sobre los trastornos mentales de Seung-Hui Cho, hijo de inmigrantes surcoreanos.
El informe divulgado ayer recalca que «durante el primer año universitario de Cho ocurrieron numerosos incidentes que eran claras advertencias sobre su inestabilidad mental y aunque varios individuos y departamentos conocían cada uno de estos incidentes, la universidad no intervino efectivamente». Negligencia alentada por una supuesta interpretación incorrecta de las leyes federales y estatales sobre privacidad de estudiantes.
El gobernador de Virginia, el demócrata Timothy Kaine, adscribe a las autoridades universitarias la responsabilidad de «una oportunidad pérdida». Pero se declara contrario a ceses fulminantes. Con todo, la investigación estatal pasa de puntillas sobre la cuestión central de cómo Seung-Hui Cho, a pesar de la orden judicial dictada en el 2005 para que recibiera tratamiento psiquiátrico, fue capaz de adquirir dos pistolas y abundante munición.
Trabajo escolar
Un año antes de lo que se considera como el asesinato en serie más sangriento en la historia de Estados Unidos, un trabajo presentado por Cho para una de sus clases de literatura narraba la inquietante historia de un estudiante obsesionado con organizar una vengativa matanza. Según fuentes citadas por 'The Washington Post', ese trabajo universitario fue una especie de hoja de ruta para lo ocurrido el 16 de abril.
En contraste, la indagación interna realizada por de la Universidad Politécnica de Virginia no señala ninguna responsabilidad adicional entre las autoridades del campus. Sus benignas conclusiones se limitan a recomendar mejoras en materia de seguridad y facilitar más ayuda a estudiantes con problemas psiquiátricos.






