
Los elefantes también se enamoran, le guste o no al dueño de la hasta entonces dócil 'Savitri', que ya ha visto a los tortolitos fugados juguetear en el bosque, junto al lago. «La he cuidado desde la infancia y siempre ha sido obediente. Pero ese animal salvaje se ha ganado su afecto», asume el hombre. No es el único que sufre por la pérdida. Dolida en lo más hondo de su ser se siente la elefanta 'Gayatri', que echa de menos a su amiga más íntima; los veterinarios le han diagnosticado una depresión de elefante, ha perdido el apetito y el interés, hasta el punto de obligar al director del circo a cancelar el espectáculo. Un novio es difícil de encontrar en estos tiempos, pero convendría buscarle uno. Herido también, pero en lo más profundo de su libreta de ahorros, está el dueño del Circo Olympic, que ya ha perdido un bien valorado en «7.100 euros» y está a punto de perder a otro.
Son éstas las noticias que llegan del país de las vacas sagradas. Pero de elefantes, y no de rumiantes, hay hoy más novedades que contar. El nombre del que protagoniza la siguiente historia les sonará: 'Gran Hermano'. Al parecer, este proboscídeo era un adicto a la heroína. Le proporcionaban la droga, mezclada con su ración de bananas, sus cuidadores, unos traficantes de droga que aprovechaban su dependencia para manejarlo a su antojo transportando sus cargamentos a través de la selva en la provincia china de Yunnan.
Cuando la Policía forestal lo encontró, recomendó el tratamiento con metadona para aliviar el mono al elefante. Ha tenido que pasar un año para que su proverbial memoria se olvidara del rancio sabor de la heroína. Puede decirse que 'Gran Hermano' se ha deshumanizado. Ya es grande para entender que la suya es la ley de la selva.






