
En 'La última legión' se mezclan historia y elementos mágicos a la hora de describir las invasiones bárbaras de Roma, con la espada de Julio César como elemento legendario de todo el asunto. Aparecen asimismo un niñato emperador, un estirado militar occidental y una exótica guerrera oriental, sin duda con el propósito de dotar a la historia de más picante, dada la poca chicha cinematográfica demostrada aquí por el rutinario realizador Doug Lefler.
Sin embargo, la espada que representa de mala manera a Excalibur -«Un filo para defender, el otro para vencer»- está muy poco afilado, como tampoco funcionan las imprescindibles secuencias de acción -salvo algún que otro plano aislado, rodado en Túnez y Eslovaquia-, o unos intérpretes anodinos. Así que, a tenor de lo visto, lo que su esforzado director ignora es que lo más importante en el cine es la ejecución, no el tema.






