
El edil menés conoce el tema de primera mano. Hace un mes, las rapaces mataron y devoraron uno de sus terneros. «El problema se originó cuando abrieron el comedero de Ordunte», asegura. En su opinión, que les estuvieran echando de comer hizo crecer la población de aves en la zona. «Si en Vizcaya había pocos buitres, ¿por qué abrieron el muladar?», se interroga.
Iglesias no es el único para quien la procedencia de los carroñeros carece de importancia. Gloria Dehesa, representante del sindicato EHNE en Carranza y ganadera afectada por los ataques -las rapaces también mataron uno de sus terneros hace meses-, coincide en sus afirmaciones. «No creo que haya buitres de Cantabria y otros del País Vasco. Ellos pueden salir por la mañana desde Asturias y estar por la tarde en Carranza», afirma.
La solución que Dehesa considera acertada es, igualmente, reabrir el muladar vizcaíno, «aunque sea provisionalmente, para controlar la población». Al fin y al cabo, hasta que se cerró en febrero, era allí donde se alimentaban las rapaces. «De estar en un hotel de cuatro estrellas, los buitres han pasado a estar en un hostal de mala muerte», ironiza la ganadera.
«Problema compartido»
El sindicato ganadero COAG respalda esta opinión. La pasada semana su responsable en Burgos, Carmelo Dorrego, solicitó a la institución foral vizcaína que reabriera el comedero y se coordinara con la Junta castellano-leonesa. Por eso cree que el anuncio de la Diputación «no es una buena noticia». «El problema es compartido, porque son zonas muy cercanas. A lo mejor esos buitres de Vizcaya son los que vienen a las Merindades y atacan a las vacas».
Al final, Ordunte sigue en boca de todos. Para Javier Mardones, concejal en el Valle de Mena, es ésa «la infraestructura que hay que aprovechar». Eso no quita para abrir otros comederos. «Las tres comunidades deberían asegurar que se aporte alimento a los buitres», sentencia.








