
PREPARACIÓN
El cóctel Rob Roy se mezcló en Inglaterra en la década de los treinta del siglo pasado. Como fuera en concreto en Escocia, algún suspicaz bebedor de las Highlands -y ya lo creo que cumplen el tópico de ser gentes de larga sed- podría enfadarse. En todo caso, su nombre sí es escocés por los cuatro costados. 'Rob Roy' es una de las más famosas novelas de aventuras escritas por sir Walter Scott -la otra sería 'Ivanhoe'-, quizá el más conocido novelista romántico en lengua inglesa. O por lo menos, al que se le ha dedicado un monumento más grande. Está situado en la arteria principal de Edimburgo, su ciudad natal, a la vista del castillo. La estatua del escritor la protege una torre de impresionante piedra negra y estilo gótico, de muchos metros de altura, a la que se puede subir para gozar de una vista panorámica.
'Rob Roy' se publicó en 1818 con la enorme tirada para la época de diez mil ejemplares. La novela relata las andanzas de ese personaje con base real, que era una especie de Robin Hood escocés que se enfrentó a los ingleses durante la revolución jacobina de 1715. Rob Roy pertenecía al clan de los McGregor. A veces lo he visto escrito MacGregor. El escritor irlandés Barry Manley me enseñó que cuando es Mac, proviene de Irlanda, y siempre que es Mc, de Escocia.
En el bar de un hotelito del norte de Skye, una de las frías y brumosas islas Hébridas -chaleco, chaqueta y gabardina en agosto-, me sirvieron un generoso Rob Roy en copa doble de cóctel acompañado de una tostada con mantequilla salada sobre la que reposaban dos gruesos filetes de delicioso 'herring' -arenque-, preparado como los boquerones. Me vi obligado a pedir un segundo Rob Roy.








