
Rocard es una de las personalidades más emblemáticas de la historia del socialismo francés de la segunda mitad del siglo XX. En 1960, ya fue uno de los fundadores del PSU (Partido Socialista Unificado). Y fue el candidato a la presidencia de la república en 1969. Dos años más tarde, ingresó en el nuevo PS refundado por François Mitterrand. Y hasta hoy, que continúa siendo eurodiputado socialista en el Parlamento Europeo.
Durante más de treinta años, Rocard estuvo en primera línea de todas las batallas de la izquierda socialista, en abierta o velada oposición a las tendencias más jacobinas, marxistas y doctrinarias del PS. En 1977 avanzó su candidatura a la presidencia de la república, para retirarse ante las presiones de la guardia pretoriana de Mitterrand, que le nombró primer ministro en 1988. Ejerció ese cargo durante tres años, eso sí, con muchas tensiones.
Rocard ha sido primer secretario del PS y ministro socialista de varios gobiernos. Y, sobre todo, ha sido el socialista menos marxista del socialismo francés para irritación de sus compañeros de viaje, que terminaron por hacerle la vida imposible dentro del PS. Rocard hizo este balance feroz de la pasada campaña presidencial de Ségolène Royal: «Los socialistas no tienen nada que decir».
El nuevo colaborador del Sarkozy continúa considerándose socialista. Y afirma haber aceptado la propuesta presidencial por razones de la más elemental «responsabilidad democrática».
Objetivos
Rocard será el miembro quizá más destacado de una comisión destinada a estudiar un nuevo estatuto para maestros y profesores con el fin de revalorizar su trabajo. Los objetivos de tal comisión fueron avanzados ayer por Xavier Darcos, ministro de Educación. Desde la óptica gubernamental, la gran reforma pendiente del sistema nacional de educación pasa estos objetivos: concertar nuevas formas de trabajo, hacer a maestros y profesores partícipes del esfuerzo de reducción del gasto público, mejorar su poder adquisitivo, revalorizar el reconocimiento de su función social e insistir en su autoridad.
Todo ello para poder aplicar, como el resto de la colectividad, el principio cardinal de la nueva política económica: «Trabajar más, para ganar más».
La comisión de la que formará parte Michel Rocard deberá redactar un 'libro verde', ofreciendo al Gobierno una síntesis de problemas pendientes y posibles alternativas. A partir de tales proposiciones, el Ejecutivo tomará sus decisiones, que deberán ponerse en práctica a partir del curso escolar del 2008-2009.
La participación de una alta personalidad socialista en tal proyecto de concertación en materia educativa también es una operación o gesto político de evidente alcance. Y es que Gobierno Sarkozy proyecta suprimir 11.200 puestos de trabajo en la enseñanza nacional, a través de la no renovación de los puestos vacantes por jubilación de maestros o profesores.
Y está en marcha un proceso de descentralización universitaria. A este respecto, los sindicatos del sector público estudian la posibilidad de impulsar manifestaciones de protesta. Instalando a Michel Rocard, socialista emblemático, en una comisión de estudio de los problemas de la educación nacional, Sarkozy intenta enviar señales de buena voluntad.
Al aceptar su participación en tal proyecto, como Bernard Kouchner, Jack Lang, o Dominique Strauss-Kahn, Rocard da nuevas cartas de nobleza política a una apertura política al centro y la izquierda moderada. Apertura que continúa atizando la división fratricida del PS, hundido en la más grave de sus crisis, desde su refundación en 1974.






