
A la directora suiza de origen yugoslavo Andrea Staka le bastan 80 minutos para inmiscuirnos en la vida de tres mujeres marcadas por la Guerra de los Balcanes. Una lleva veinte años en Zúrich, donde regenta un restaurante en cuya rutina se ha aislado emocionalmente. Nunca habla de Yugoslavia. Su empleada mantiene la quimera de regresar a su país, donde quedó un hogar que su familia reconstruye. En el fondo, sabe que nunca volverá. En este Zúrich industrial y umbrío, la antítesis de la Suiza de postal, aterriza una chica que deja atrás Sarajevo. Un torbellino de vida que, paradójicamente, está enfermo de muerte.
Un ángel hedonista y herido que sacará a sus compañeras de su mutismo sentimental y les obligará a enfrentarse a su pasado. Las tres actrices protagonistas, que memorizaron fonéticamente los diálogos escritos en alemán, se contagian de la sobriedad de la directora. Sin asomo de sentimentalismo, 'Fraulein' habla del dolor de no pertenecer a ningún sitio. De cómo podemos fabricarnos una vida en un limbo emocional. De cómo abrirnos a los demás reconforta el alma.
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