
Buena, quizá. Pero nueva, no tanto, porque una amiga de la cantante (de esas amigas que te evitan la necesidad de tener enemigas) ya se ha ido de la lengua al proclamar que Paulina está de pocos meses y que aún no ha notado ningún síntoma... (De hecho, yo creo que más bien son los síntomas los que ya han empezado a notar a la huracanada Paulina). En fin, que de ser cierto el rumor, nadie podrá decirle a esta mexicana que no avisó a tiempo. Ya el mismo día de su boda amenazó con traer al mundo «un montón de rubitos malcriados». Como si no hubiera ya suficientes en el mundo. Malcriados, digo, porque rubios van quedando menos. Tampoco entiendo de dónde saca Paulina lo de rubitos. Lo dirá por el apellido, porque a ella siempre la tuve por rubia de bote. Su madre, Susana Dosamantes, de capa es negra zaína y, en cuanto a Colate, lo veo más bien pelirrojo.
Porque, sin duda, Colate es el padre. Aquí sí que pongo la mano en el fuego. Y por dos razones. Una, que estos dos se quieren (tienen ese raro vicio) y dos, que se pasan el día juntos, parecen pegados con superglú. No existe ley física que permita entrar ahí a un tercero. De hecho, a mí el marido de Paulina más que a un dentífrico me recuerda a ese infalible pegamento que fija la dentadura postiza. Ya no le llamo Colate, sino Corega.
Pero, ¿por qué malcriados? Pues porque Rubio habla de hijos biológicos. Si fueran adoptados, otro gallo cantaría. Es el caso de Madonna, que ahora va a recibir la visita de un oficial de Malawi, un tal Penstone Kilembe, que piensa pasar dos semanitas en Londres, a papo de rey y con todos los gastos pagados, para evaluar cómo están educando al pequeño David Banda. No sé si al contacto con Madonna el chaval estará hecho un baranda, pero que es un 'fashion victim', fijo, porque ella hasta los baberos se los encarga a Donatella Versace. Kilembe va a alucinar en colores. Para mí que éste no vuelve, que pide que también lo adopte Madonna, aunque sea con carácter retroactivo.








