En estricto cumplimiento de la ley, Gul fue elegido ayer por la cuota requerida en el Parlamento en la tercera votación. La mayoría absoluta de que gozan los islamistas lo hizo posible: recibió 339 votos, cuando la cifra exigible era de 276.
Es, sin exageración, un día histórico para la República de Turquía, cuya Constitución es hija como la república misma, en su latido clásico de la obra, de Mustafá Kemal Ataturk y, por tanto, estrictamente laica. La separación de religión y Estado es tal que trata como un delito toda contaminación confesional en la legislación. Así vive Turquía: una sociedad islámica con un fuerte y militante componente seglar y unas Fuerzas Armadas que se autotitulan garantes de ese orden jurídico.
Los militares, sin embargo, han terminado por avenirse a razones. Es un ejercicio muy útil, al que exhortamos al lector más curioso, comparar con detalle los comunicados que al respecto emitió el Estado Mayor el 28 de abril, cuando los islamistas propusieron por vez primera a Gul como candidato a la jefatura del Estado, y el difundido en la tarde del domingo: el primero era mucho más categórico en la actitud castrense, más beligerante. El del anteayer, algo más resignado. Ambos los firmaba el general Yasar Buyukamit, al corriente de que una intervención militar para vetar algo irreprochablemente democrático no sería de recibo. Y también sabe que el turco medio no ve mayores problemas con un islamista tan realista y moderado como Gul instalado en el palacio de Cancaya. Alguna encuesta da más del 70% de ciudadanos que dicen entender que la nueva primera dama lleve el pañuelo islámico sobre su cabeza en casa.
Lo sucedido, pues, una fase nacida del triunfo islamista en las elecciones legislativas de julio, tiende a asentar una nueva normalidad en la calle como en las instituciones. Nada grave pasará y todo el mundo cumplirá con sus obligaciones. Entre otras cosas porque eso es lo que a todos interesa y el país demanda. El dúo Gul (presidente)-Erdogan (primer ministro) es demasiado hábil y solvente como para estropearlo todo. Borrón y cuenta nueva.






