Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Más fútbol

MÁS FÚTBOL
Todos los hombres mueren jóvenes
29.08.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Ha muerto Antonio Puerta, el lateral izquierdo del Sevilla, el mismo día que el escritor Francisco Umbral. Se llevaban cincuenta años justos. Me viene a la memoria un artículo de Umbral, de hace ya mucho tiempo. La idea era que los ancianos no reconocen su rostro, cuando se miran en el espejo. Los hombres de cualquier edad llevan aún dentro de sí al niño que piensa que todos los caminos están abiertos, todas las cosas son posibles, incluso los sueños más improbables. Por eso todos los hombres mueren jóvenes, porque lo son. Antonio Puerta era muy joven y se ha muerto cuando se le estaban cumpliendo los sueños y tenía toda la vida por delante. Su muerte parece más injusta y paradójica, si cabe, aunque todas las muertes son injustas y paradójicas. Tenía 22 años, éxito, dinero, pareja, y un niño que está en camino. Todos los pronósticos sobre su futuro parecían favorables.

Los deportistas son los héroes de ahora. Sus vidas, como las de los héroes antiguos, sirven a veces para la reflexión de los hombres corrientes. Hay muchas historias ejemplares en las vidas de los deportistas. Unas terminan bien y se ponen como ejemplo de superación. Deportistas que nacieron en suburbios, caminaron descalzos para ir a los entrenamientos, se sobrepusieron a enfermedades o lesiones que parecían definitivas y, al fin, como un merecido premio a su esfuerzo, consiguieron el éxito.

Otras historias son más tristes, como las de aquéllos que lo intentaron pero se quedaron en el camino. No debe de ser fácil sobreponerse a eso. Para algunos el problema llegó después de triunfar, cuando no fueron capaces de aceptar su retirada y se convirtieron en pobres diablos, juguetes rotos, caricaturas póstumas de sí mismos. Con esas historias tristes se han hecho buenas películas y se han escrito algunas novelas. Pero la historia de Antonio Puerta es demasiado exagerada, como escrita por un profeta apocalíptico con el propósito de que no olvidemos que nos tenemos que morir y puede suceder en el momento más inesperado. Decía Umbral que los escritores mueren con la pluma en la mano. Es lo natural. A punto de morir, se empeñaba en dictar a su mujer la columna para el día siguiente. En cambio es un disparate argumental la muerte, en el terreno de juego, de un futbolista.

Umbral fue un excelente articulista, un dandi ingenioso, acerado y arbitrario. Antonio Puerta era un zurdo con mucha clase, de largo recorrido. Tocaba el balón con el efecto y la precisión, curva y potente, de los mejores tenistas. Jugaba en un equipo al que todo parecía salirle bien. Era titular indiscutible en el Sevilla, había sido internacional y sonaba para dar el salto a equipos aún más importantes. Y entonces se muere, casi de repente, de una enfermedad de ésas que la ciencia consigue explicar cuando ya no importa.

Cuando éramos niños, los deportistas fueron para nosotros personajes mitológicos. Luego, la vida va pasando, y un día descubrimos que en los equipos juegan muchachos que podrían ser nuestros hijos. Es un disparate que se mueran esos chicos. No tienen edad para morirse, si hay alguna razonable para hacerlo. Las muertes como la de Antonio Puerta impresionan tanto, que se quedan grabadas, para siempre, en la memoria de toda una generación. Si se hubiera enterado, Umbral habría escrito una buena columna sobre ello.
Vocento
SarenetRSS