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Cultura

CRÍTICA DE CINE
La tumba de asfalto
29.08.07 -
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La tumba de asfalto
TERROR. Sophia Bush y Zachary Knighton, en una escena.
I nnecesario 'remake' de 'Carretera al infierno' (Robert Harmon, 1986), firmado ahora por un ignoto director, con el actor Sean Bean convertido en un sádico autoestopista, dispuesto a dar matarile a todo quisqui. Cinta de baratillo, carente de la chispa que exhibía la versión anterior, sin que falten tampoco los homenajes a Hitchcock, en medio de un berenjenal de secuencias más o menos impactantes, machacones giros de guión y un suspense final tan alocado como bochornoso. Producto comercialoide, pues, perteneciente a ese género de películas de serie B norteamericanas, en un periodo de horas bajas por lo que a su calidad se refiere.

Tal vez no sea imaginación lo que le falte a Dave Meyers. Quizá sea cinismo lo que le sobra. Cinismo que le lleva a construir una tramoya efectista, cultivando el esteticismo de lo feo para componer un guiñolesco escaparate destinado a camelar al público adolescente. Pero la coartada deja mucho que desear: nada de rigor en la descripción de los personajes, al tiempo que las secuencias aparecen compuestas con nula inteligencia.

A partir de ahí, todo vale, desde los gritos en la noche, hasta los recursos terroríficos más pedestres. Para colmo, los poco inspirados intérpretes se limitan a recitar sus frases con una falta de convicción que asusta, mientras que el clímax resulta tan disparatado como tramposo, sin auténtico impacto visual, puesto que se telegrafían los golpes de efecto antes de tiempo. En fin, la degradación a la que ha llegado el cine de terror mueve más a la risa que al espanto.
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