
Cada año, el presidente de la república en ejercicio reúne a los embajadores de Francia en los cinco continentes para matizar las prioridades diplomáticas nacionales. En esa ocasión, Sarkozy aclaró la naturaleza de su «ruptura» personal con la diplomacia de Jacques Chirac, que comienza por la gestión de los negocios de cada día: en su mensaje a los representantes galos ante países extranjeros, Sarkozy deseó insistir en su «confianza» y «complicidad» con Bernard Kouchner, socialista moderado y ministro de Asuntos Exteriores.
Con precisión milimétrica, Sarkozy hizo ayer un repaso general de las nuevas orientaciones diplomáticas nacionales. «La amenaza más grave que hoy pesa sobre el orden internacional es la crisis con Irán», afirmó el presidente para subrayar a continuación que «un Irán dotado de armas nucleares es para mí totalmente inaceptable. Teherán ganaría mucho negociando seriamente con europeos, americanos, chinos y rusos».
Prioridad nacional
Primera gran prioridad nacional: Europa, repensada y dispuesta a embarcarse en un proyecto de unión mediterránea. Sarkozy propuso lanzar una «gran reflexión» sobre el futuro de la UE, encomendada a un «grupo de sabios de distinta sensibilidad». Si la Unión aceptase tal reflexión de fondo, Francia no se opondría a proseguir la negociación con Turquía, «pero, dejando abiertas dos posibilidades: el ingreso o la simple asociación con un estatuto particular, que es la solución que yo prefiero».
Motivos de primera inquietud: Rusia y China, acusadas expresamente de «brutalidad» y «voracidad insaciable» amenazantes para la seguridad internacional.
A juicio de Sarkozy, la Unión Europea, la Alianza Atlántica y el resto de las instituciones internacionales no han conseguido articular una arquitectura definitiva que inspire confianza a los ciudadanos. Y propone dos grandes medidas multilaterales: a escala mundial y a escala regional.
En la escena internacional, el presidente de Francia, propone ampliar al G-8 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Rusia) a los nuevos grandes países emergentes: Brasil, China, India, México y Sudáfrica. España llegó a aspirar a ingresar en el grupo de los ocho. Tal eventualidad no forma parte de las prioridades francesas.
En la escena regional, Sarkozy insistió en la importancia que debiera tener, a su modo de ver, una posible unión mediterránea, con participación de países de toda la cuenca del 'Mare Nostrum'. Desde la nueva óptica francesa, tal proyecto es indisociable, al mismo tiempo, del diálogo con Turquía.
La seguridad nacional, por último, sigue siendo indisociable de la continental. Sarkozy anunció próximas iniciativas del Gobierno galo en materia de defensa europea. En ese terreno, el presidente francés adoptó una línea vagamente más atlántica que sus predecesores.
La incendiaria situación de Irak sigue estando en el horizonte inmediato de la inseguridad internacional, pero el inquilino del Elíseo propone utilizar un tono más político y menos conflictivo con Washington. A juicio de Sarkozy, es necesario llegar a negociar, en Bagdad, alguna forma de «horizonte de paz», antes que sea plausible ningún proyecto de retirada militar.






