
La noticia fue lanzada a los medios de comunicación por el fiscal general, Yuri Chaika. Los canales de televisión ofrecieron al mediodía un fragmento del momento en el que Chaika informaba al presidente, Vladímir Putin, de los arrestos practicados, haciendo hincapié en lo mucho que se ha «avanzado» en la investigación y afirmando que los sospechosos serán muy pronto acusados formalmente.
Poco después, el fiscal ofrecía una rueda de prensa para ampliar detalles. «Han sido detenidos los organizadores directos, sus cómplices y los ejecutores materiales del crimen», declaró Chaika. De acuerdo con los datos expuestos, «durante el seguimiento de la víctima y la recogida de información participaron, lamentablemente, cuatro funcionarios del Ministerio del Interior ya retirados y un miembro en activo del FSB -los servicios de inteligencia rusos-. Todos ellos están entre los arrestados». Después se supo que el agente del FSB puesto a disposición judicial es un tal Pável Riagúzov. Según el fiscal, también han sido detenidos tres individuos de origen checheno, uno de ellos «capo de una banda criminal moscovita especializada en asesinatos por encargo».
Conocía al criminal
Pero lo más sorprendente de todo lo que dijo ayer Chaika es que «Politkóvskaya conocía a quien ordenó su asesinato y se reunía regularmente con él». El fiscal afirmó que «en la eliminación de la reportera sólo podían estar interesadas personas que se encuentran fuera de la Federación Rusa». Según su opinión, el objetivo del asesinato era «causar daño a Rusia». «Se pretendía desestabilizar la situación en el país, desacreditar a sus dirigentes y propiciar un cambio de régimen», manifestó categóricamente Chaika, aunque evitó dar nombres concretos ampa- rándose en el secreto sumarial.
La versión sobre el asesinato de Politkóvskaya más manejada por el Kremlin ha sido siempre la referida a la supuesta existencia de una conjura exterior destinada a desprestigiar internacionalmente a Putin. El propio presidente insinuó el pasado febrero que en ésa línea trabajan «ciertos oligarcas fugitivos que se esconden en Europa occidental y Oriente Próximo», en clara alusión a Borís Berezovski, exiliado en Londres, y al ejecutivo de Yukos, Leonid Nevzlin, que reside en Israel.
Igor Shuválov, uno de los consejeros de Putin, cree que los participantes en la intriga destinada a fulminar la imagen de Rusia están también implicados en el asesinato del ex espía, Alexánder Litvinenko, que murió envenenado en Londres con polonio 210 el pasado noviembre, mes y medio después que Politkóvskaya. Chaika dijo ayer que los mismos que mataron a la reportera acabaron también con la vida, en julio de 2004, de Paul Jliébnikov, director de la edición rusa de la revista 'Forbes', y del vicepresidente del Banco Central de Rusia, Andréi Kozlov, en septiembre del año pasado.
Politkóvskaya dedicó la mayor parte de su trabajo como reportera a denunciar las atrocidades cometidas contra los civiles en Chechenia. Fue la periodista más mordaz criticando la política de Putin, a cuyos servicios secretos acusó de estar detrás de algunos atentados terroristas. La incansable informadora fue asesinada a balazos en el portal de su vivienda el 7 de octubre del año pasado.






