La verdad es que la situación es un tanto enrevesada. En una economía de mercado libre como la nuestra, los precios obtenidos por cualquier producto o servicio se ajustan con las cantidades ofrecidas y, al revés, las cantidades ofrecidas dependen de los precios admitidos, moviéndose todo ello hasta alcanzar un determinado punto de equilibrio. Y el dinero no es una excepción a esta norma general. Vale, pero ¿qué sucede en los mercados financieros? Pues que los bancos centrales están aportando liquidez al sistema en cantidades cósmicas, lo que en buena lógica debería presionar a la baja del precio del dinero. O sea, justo lo contrario de una subida de tipos.
Aunque les pueda sonar a despropósito no descarten que ésta se convierta en la opción finalmente elegida por Trichet: elevar los tipos para mantener a raya a la inflación, mientras proporciona liquidez en cantidad suficiente para evitar cualquier posibilidad de colapso del sistema. De momento, lo bueno de decir una cosa y su contraria es que le permite ganar tiempo y ver cómo evolucionan los mercados, Así podrá decidir en septiembre, cuando disponga de más datos y tenga menos margen de error.






