
ANÁLISIS
Cada año electoral, algo se muere en el alma del socio rojiblanco. El viciado sistema, que obliga a pagar peajes intolerables y evita una total renovación en el tejido dirigente del club, debe ser revisado. Pero hay luz al final del túnel. Empezando por la caballerosa reacción de Juan Carlos Ercoreca en las mismas escalinatas del Palacio de Ibaigane. Ese estilo, encarnado en la emblemática figura de un Josu Urrutia que ha dado una lección de lo que yo entiendo por 'ser Athletic', es el que debe primar en las gradas de nuestro querido San Mamés. Ya sabemos que el sistema no es perfecto y que ni están todos los que son (vuelvo a Urrutia) ni son todos los que están (pongan ustedes dos o tres nombres, y coincidiremos seguro). Fernando García Macua ha mostrado tacto (en campaña), pulso (en los fichajes) y sentido común (en sus mensajes públicos). No lo tiene fácil, enredado como está el club en una maraña de controversia legal (Zubiaurre, rescisiones de contratos...) que se remonta casi a la época de la Carta Magna y el Código Justiniano. ¿Le dejarán deshacer la madeja? Ahí le quiero ver, navegando en las procelosas aguas de un club que tiene más blindajes que una reunión del G8. Hará bien en recordar que una mayoría natural, responsable y silenciosa optó (optamos, a decir verdad) por el voto en blanco o la abstención. Por algo será.
En el ámbito estrictamente deportivo, estamos en manos de Joaquin Caparrós. Un luchador. Un loco del fútbol. Un superviviente nato. Un profesional intuitivo y pragmático. El artero debate entre fútbol de salón o «patadón y tente tieso» suena a chino mandarín en esta coyuntura. Este equipo necesita un líder, un catalizador de motivaciones. El técnico de Utrera es un explorador de recursos. El trabajo mental es una de sus mejores armas. Un jefe puede dirigir un grupo de diversos modos. No hay una receta mágica. Valverde gestionó el liderazgo tranquilo, generó una gran dinámica de grupo y le puso la guinda de un fútbol atractivo, aprovechando las cualidades de una generación de jugadores que ha estado a punto de ser sepultada en estos annus horribilis. Luis Fernández agitó la coctelera y, al menos en el corto plazo, el resultado fue igualmente positivo utilizando estilos contrapuestos. La verdadera clave es no fallarle a tu ejército. Sólo así te seguirán hasta la última playa. El grupo es lo más importante. Y nosotros necesitamos un supergrupo.
El domingo quedaron plasmadas sobre el césped de San Mamés algunas de las virtudes y casi todos los defectos de este equipo en construcción. Un 10 en motivación, un notable en solidez y un suspenso en imaginación. Nadie dijo que fuera a ser fácil. El guiño al bilardismo, entrenar a las siete de la mañana o llevarse a Soria a un chaval de 14 años son parte del mensaje pero no pueden ser su esencia. Se quedan casi en anécdota ante la dimensión del reto y la profundidad de lo que está en juego: la supervivencia del club más glorioso, único y señorial del fútbol mundial: nuestro Athletic. Y ningún entrenador del mundo puede enfrentarse solo a semejante reto. Animo, 'Jokin'. Tu éxito será el de todos. ¿A por ellos!








