
Si 'Hombres felices' y 'El penalti más largo del mundo' se sostenían gracias al gracejo de los actores, 'El club de los suicidas' ni eso. Fernando Tejero, un físico tan difícil como su dicción, mantiene la expresión de estreñido mientras los actores a su alrededor se mueven en los registros cómico-costumbristas de las teleseries. No se sabe si quiere dar pena o risa. Claro que la culpa no es del actor cordobés, sino de un director que no tiene claro por dónde tirar. Una comedia sobre el suicidio se mueve en el escurridizo filo del humor negro. Y aquí no funcionan ni las risas macabras a cuenta de las muertes de los miembros del club, ni los ribetes dramáticos de una historia que hubiera necesitado a un cineasta bestia y con gracia, que no se tome a sí mismo tan en serio, el Álex de la Iglesia de 'La comunidad', por ejemplo.
Una realización plana, televisiva, con una fotografía desvaída y tristona remata el despropósito, que hasta malgasta una canción de Joaquín Sabina para un momento pretendidamente intenso. ¿Así va a recuperar el cine español a sus espectadores?






