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Miles de personas despiden las fiestas en la quema de Marijaia
El espectáculo recibió una sonora pitada porque se prolongó y retrasó los fuegos
27.08.07 -
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Miles de personas despiden las fiestas en la quema de Marijaia
EL SÍMBOLO de la Aste Nagusia, quemado ayer, renacerá de sus cenizas el año que viene. / B. AGUDO
Llegó la hora de la despedida. Marijaia esconde la cabeza porque sabe lo que la espera. Es la tradición. La Aste Nagusia toca a su fin y, tras nueve días de escuchar su himno por todas las txosnas, nadie quiere perderse la oportunidad de dedicarle el último adiós o, más bien, un cariñoso hasta luego a la figura por excelencia de las fiestas. Fue un agur con pitada, porque el acto se prolongó más de lo debido y acabó con un cuarto de hora de retraso.

Miles de personas se dieron cita ayer en la plaza del teatro Arriaga para presenciar la quema de Marijaia. No cabía un alma. El recinto se quedó pequeño y el puente de El Arenal se convirtió durante alrededor de una hora en un colador en el que sólo se vislumbraban cabezas. Hay que tener en cuenta que ese es también un buen lugar desde el que disfrutar de los fuegos artificiales.

La gente aguardaba impaciente y el acto arrancó puntual. Pero el respetable acompañó la despedida con una sonora pitada, ya que el acto central, la quema de Marijaia, se hizo de rogar. El muñeco no aparecía por ninguna parte y el espectáculo se retrasó quince minutos sobre el horario previsto, lo que provocó que los fuegos artificiales, los últimos de concurso, arrancaran con demora.

Oceáno de fantasía

Pese a los silbidos, la compañía teatral francesa Malabar convirtió el recinto en un océano de fantasía en el que el primer protagonista fue, sin lugar a duda, un barco de 13 metros de largo, 4,5 de alto y 3,5 de ancho. La historia se presentó como un viaje imaginario. La embarcación estaba repleta de animales, como un simpático erizo y un saltamontes gigante. A más de uno le recordó a la mítica Arca de Noé con una mezcla de la película del Señor de los Anillos, sólo que, en esta ocasión, la extraña tripulación se encontraba bajo las órdenes de una domadora muy particular. Nada menos que una acróbata, que no paraba de hacer de las suyas. Pero no fue la única. El reparto de actores estuvo compuesto por nueve artistas que se movían con gran desparpajo sobre unos zancos de vértigo.

Ensueño, humor y poesía fundidos en diversas coreografías, pirotecnia y música en directo. Esta fue la base de la actuación de Malabar, que mantuvo al respetable en silencio. La expectación se tornó en inquietud por el retraso en la quema, un incidente que ya ha ocurrido en otras despedidas. Incluso en una edición, la compañía organizadora del montaje entonces tuvo serios problemas para dar fuego a Marijaia, que al final acabó en la ría humeante. Al menos esta vez, el muñeco ardió ayer de la misma. Tarde, pero eficaz.
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