
Borja Thyssen, su único hijo biológico, quiere casarse con Blanca Cuesta, que además está embarazada. Tita Cervera nunca ha dicho un sí ni un no sobre la novia de su Borja. Ni siquiera cuando salió en 'Interviú'. Pero es un clamor popular que, como en el chiste, no es partidaria... Seguramente, Carmen no tiene nada en contra de Blanca (para mí que hasta se dan un aire), pero allá en el fondo de su armario y de su alma hubiera deseado para su heredero, qué te diría yo, una Rothschild, una Arnault, una Athina Onassis... O, ya metidos en producto nacional, la hija de Amancio Ortega. El problema es que a Borja jamás le hemos visto vestido de jinete, subido a un caballo, y sí a lomos de una Harley, embutido en una chupa de cuero y con más tatuajes que los 'jevis' del último sorteo de la Once.
A Tita incluso le habría bastado como futura nuera cualquier niña bien de Madrid o el Ampurdán de las que esquían en Baqueira, tienen abuelo aristócrata y dicen 'Porfa Borja, porfa Borja...' con mayor afectación que Martes y Trece. Y es que en determinados ambientes se puede admitir 'parvenue' como animal de compañía, pero jamás como pareja oficial. La propia baronesa da ejemplo negándose a casarse de nuevo (supongo que para no retroceder en el escalafón) e instando a la prensa a considerar 'sólo amigo' a su inseparable y fiel Javier Báñez.
Tal vez Tita esperaba que a su hijo le ocurriera como a ella, que en el amor empezó dando palos de ciego (a Santoni llegó a visitarlo en la cárcel). Hasta que divisó al barón y dijo, como en el anuncio: 'Sacatunn que pen que summum que tun'. O sea, ¿bingo! Borja, que para entonces ya estaba en el mundo, debería haber tomado nota. Pero no. Él, como de pasta está harto, ha ido directamente a la carne y se ha ligado a una maciza. La pareja deseaba casarse en Villa Favorita, pero va a ser que no. Y es que a poco sentido de la estética que uno tenga, sabe que estos dos en Lugano dan el cante... Yo los veo más en Las Vegas.








