
El hecho -todo lo anecdótico que se quiera- no deja de ser revelador. Y es que ayer tarde se vio en San Mamés un Athletic nuevo, todavía con los vendajes del lifting, un equipo de estreno, camiseta incluida, al que había que mirar dos veces para reconocer. Aparte del entrenador, más de la mitad del once no jugaba aquí la pasada temporada, ya fuera porque lo hacía en otros equipos o porque penaba en el banquillo o en la grada: Iraizoz, Aitor Ocio, Koikili, Tiko, David López y Llorente, más tarde Cuellar, Muñoz o Vélez... Lo cierto es que tanta novedad fue muy bien recibida por la parroquia de La Catedral, que no quiere saber nada del pasado y, cuando piensa en las dos últimas campañas, pega un respingo y saca la ristra de ajos del bolsillo como si estuviera viendo a Drácula. Vade retro.
El escrutinio
Puestos a analizar al nuevo Athletic de Joaquín Caparrós, los hinchas rojiblancos lo hicieron con la lógica benevolencia del debut liguero y se fueron del campo con una vaporosa sensación de conformidad a pesar del empate. El equipo, al menos, había demostrado una cierta entereza defensiva y no había encajado gol alguno, un dato estadístico que hace unos meses sólo podía contemplarse como una heroicidad. Aparte de lo dicho, el Athletic trabajó ayer con convicción y estuvo siempre muy puesto y bien cosido. Los nuevos cumplieron. Gorka Iraizoz hizo un buen partido y salvó un par de situaciones de apuro en el primer cuarto de hora. Aitor Ocio demostró su jerarquía, aunque acabara el partido con una segunda amarilla perfectamente evitable tras enredarse en unos agarrones con Krutxaga, al que incomprensiblemente Velasco Carballo dejó que se fuera de rositas. O dos tarjetas o ninguna, oiga.
Empujado por la afición, que ha visto en su sorprendente ascenso al Athletic una bonita historia de superación con un halo final de justicia poética, Koikili estuvo correcto y valiente. Apenas se desdobló, pero cumplió en defensa más allá de un buen susto que le dio Juanfran en la primera parte. David López, por su parte, dejó detalles de su clase, sobre todo en la primera mitad. En la segunda se fundió pronto y acabó lanzando derrotes contra las tablas de la derecha. Fue entonces Cuéllar, muy activo, el que más inquietó a la zaga rojilla. De hecho, ya en el tiempo de descuento, el ex-jugador del Nastic, que había sustituido a Etxeberria, estuvo a punto de fabricar el gol de la victoria en una jugada que Vélez no acertó a culminar. El de Elgoibar va tener que hilar muy fino si quiere seguir en el once. Los otros dos nuevos -Iñaki Muñoz y el citado Jon Vélez- no intervinieron demasiado.
Más allá del obligado escrutinio a la tropa de Caparrós, la afición del Athletic también tuvo tiempo -y sobradas razones- para recordar a algunos ausentes. En concreto, a tres futbolistas que ayer no hicieron acto de presencia y bien que se notó. Nos referimos a Iraola, Orbaiz y Yeste. Tres clásicos. Su presencia no sólo hubiera permitido portar el brazalete a un futbolista con más recorrido en el Athletic que el bueno de Expósito. Es probable que Iraola hubiera aportado algo de mordiente en el carril derecho; que Orbaiz -Pablo el deseado, se le podría llamar- hubiera encendido por fin la bombilla del centro del campo; y que Yeste hubiera dejado su sello, al menos a balón parado. Es probable.








