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«No tenemos memoria, nuestros veranos son así»
El director de Euskalmet afirma que, en contra lo que pueda parecer, el clima en el País Vasco «es cada vez más caluroso» «Tenemos datos de una nevada en Vitoria en julio de 1888»
26.08.07 -
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«No tenemos memoria, nuestros veranos son así»
A CUBIERTO. El responsable de Euskalmet posa con humor rodeado de paraguas. / IOSU ONANDIA
Ni el tiempo se ha vuelto loco de atar ni el cambio climático ha elegido el País Vasco como conejillo de indias. Al parecer, «no tenemos memoria y nuestros veranos son así». Puro cambio. Lo certifica Adolfo Morais, un matemático vitoriano afincado en San Sebastián que, a sus 41 años, dirige la Agencia vasca de Meteorología. Desde la sede de Euskalmet en el Parque Tecnológico de Miñano, los nietos de Mariano Medina no quitan ojo a los datos que les remiten radares, boyas y estaciones desperdigadas por toda la comunidad para predecir qué hará el cielo. Por cierto, a partir del martes vuelta al otoño.

-¿Toca un verano en blanco o hay alguna esperanza de que al final llegue?

-Si no en otoño, indudablemente llegará. Todavía queda un mes de verano. A partir del domingo (hoy) tendremos una subida drástica de las temperaturas que se prolongará hasta el martes. A partir de entonces parece que volverá el viento del Norte y, quizá, también las precipitaciones. El clima en nuestro territorio es así, con cambios frecuentes.

-Que un huracán barra el Caribe en estas fechas entra dentro de lo normal. ¿Lo es también que Vitoria lidere algunos días las temperaturas mínimas europeas o que suba el nivel del pantano?

-No es lo más habitual, está claro. Pero eso ha ocurrido otros veranos. Agosto del año pasado, el de 2002... Y si nos remontamos al de hace veintitrés años, encontramos unas inundaciones tremendas en Bilbao que también afectaron a Álava.

-Anticiparon un verano «fresco y lluvioso». Reconocerá, al menos, que se quedaron un poco cortos.

-Ja, ja. Ese tipo de predicciones se refieren a la media de todo el verano. Lo que ocurre es que la percepción de la gente es que el verano es muy malo porque hace malo. Cuando el 4 de agosto, día de Celedón, hacía 37 grados todo el mundo pensaba 'qué calor, qué verano, cuánto va a durar esto'. Tenemos tanta información sobre el tiempo que nos guiamos más por el corto plazo que por el largo. En el largo, será fresco y lluvioso.

-Entonces, ¿el cacareado cambio climático está libre de culpa?

-Verá. El clima nunca ha sido estacionario. Aquí tenemos registrada una nevada en Vitoria a finales julio de 1888. (Imagínese lo que diríamos si pasara ahora). Desde entonces han sucedido muchas cosas y seguirán pasando. Es decir, hay un proceso natural de cambio de clima que se ve afectado por la actividad humana -por ejemplo, la emisión de gases- y eso se nota ya, todos los días.

-Poseen datos meteorológicos de Euskadi desde hace 125 años. ¿Han detectado variaciones sustanciales?

-Los tenemos, pero son pocos y a menudo guiados por situaciones excepcionales. Por tanto, atendiendo a la últimos años, el clima nos está trayendo temperaturas más elevadas, hace más calor que antes. El año pasado hizo 1,5 grados por encima de lo normal en Euskadi. También hemos constatado que si bien se registran las mismas cantidades de precipitaciones, éstas se producen de forma más intensa y concentrada.

-Las témporas, ¿les aportan alguna pista?

-Su único fundamento es de la tradición. Científico, no tienen ninguno.

Fiables al 90%

-Por fortuna, el País Vasco no es tierra de ciclones, tifones o tornados. Se tienen que conformar con tormentas, galernas y alguna gota fría. ¿Aburrido para un especialista del tiempo como usted?

-Para nada. Fíjese, tenemos tres zonas climáticas en una misma comunidad con una geografía compleja, en la que hay áreas montañosas y de costa, y en la que se producen al año muchos fenómenos severos: lluvias importantes, muchísimas tormentas, muchos rayos, episodios de nieve... En absoluto es aburrido.

-En la época de Mariano Medina se decía que los meteorólogos no daban ni una. ¿Qué fiabilidad han alcanzado en sus predicciones?

-A tres días, es de en torno al 90%. A plazos más largos baja considerablemente. A nuestra escala, Euskadi, la predicción es más complicada, pero la posibilidad de acierto es mayor.

-Entonces, ¿con qué fundamento hacen pronósticos estacionales?

-Nosotros no los hacemos nunca. Hay agencias con muchísimos recursos que se atreven a hacer predicciones a largo plazo, pero el porcentaje de fiabilidad baja al 50 ó 60%.

-Así que ni idea del tipo de invierno que nos aguarda.

-Ni idea, ja, ja.

La postal y la trastienda

-Cuando se afincó en San Sebastián sumó unos grados de temperatura, algunos litros más de lluvia y un porcentaje mayor de humedad. ¿Se nota en la forma de ser de la gente?

-No sé si la meteorología influye tanto en el carácter... San Sebastián es una ciudad muy volcada en el turismo y eso les hace más abiertos y cosmopolitas. Están más habituados a otras culturas. Vitoria, de donde yo vengo, es aún joven como gran población y eso se nota. Todavía está en el proceso de darse a conocer.

-Con el cambio de ciudad ganó La Concha. ¿En qué salió perdiendo?

-Donosti, en cambio, invierte mucho en su imagen. La zona orientada hacia el mar, hacia el turismo, es en efecto de postal. Pero si ves otros barrios, te das cuenta de que hay muchas desigualdades y de que queda mucho trabajo por hacer para que sea idílica. En ese sentido el desarrollo de Vitoria es más homogéneo.
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