A buen seguro que recuerdan la cornada que el toro le propinó en la boca al diestro, muy cerca de los terrenos del portón que da a la enfermería del coso bilbaíno. Superada la inicial conmoción, El Juli' volvió bañado en sangre a la cara del astado para redondear un trasteo épico. Tras estoquear al toro de un entregado volapié, el imberbe diestro madrileño recogió los trofeos y se disculpó ante el publico para ponerse en manos de los 'Siete Magníficos', el equipo médico quirúrgico de Vista Alegre.
No pudimos gozar entonces de una puerta grande ganada a sangre, sudor y lágrimas. Ayer sí pudo ser. La anunciada gesta de Manuel Jesús El Cid tuvo un final feliz, la salida a hombros por la puerta grande de Vista Alegre, la única que le quedaba pendiente de las plazas de máxima categoría. A las salidas a hombros de Madrid, Sevilla y Pamplona, ayer tarde unió la de Bilbao. Con ella El Cid se consagra definitivamente. La Historia de la Tauromaquia lo recordará. Y la de Vista Alegre. Nunca hasta ayer, Matías González había sacado los dos pañuelos blancos a la vez. Mucho menos tras un pinchazo. Ole sus cojones. Y nunca había visto a un palco de prensa puesto en pie para rendir honores a un torero con mayúsculas: Manuel Jesús El Cid , 'el cerrajero'.








