
El suceso ocurrió a altas horas de la noche en el Casco Viejo. Al parecer, después de recibir un disparo de bala en un lugar y en un momento todavía por determinar -la Ertzaintza ha abierto una investigación para aclarar el incidente-, el herido iba tambaleándose por las Siete Calles. Allí, según relatan fuentes consultadas por este periódico, se topó con un hombre de nacionalidad rusa, que le prestó ayuda. Juntos recorrieron unos metros hasta que consiguieron parar un coche de una tercera persona que les condujo hasta el hospital.
Según explican fuentes médicas, una vez en Basurto el herido se encontró con una dotación de la DYA, que acababa de llegar al centro hospitalario para realizar un traslado de un paciente. En un primer momento, los trabajadores de la Asociación de Ayuda en Carretera pensaron que se trataba de una simple intoxicación etílica porque vieron llegar a los dos hombres agarrados el uno sobre el otro y dando tumbos. Pero, después de comprobar que se trataba de una agresión por arma de fuego, dieron aviso a la Ertzaintza, que a partir de ese momento se hizo cargo de las diligencias.
A bocajarro
Producto del impacto del proyectil, el herido presentaba cuatro orificios en su cuerpo, dos de entrada y dos de salida. Dos se encontraban en el músculo bíceps de uno de sus brazos. Y los otros dos le atravesaban el torax. Al parecer, el disparo pudo producirse con muy poca distancia entre la pistola y el cuerpo de la víctima, casi a bocajarro. El hombre, que apenas habla castellano, se encuentra fuera de peligro y permanece ingresado en el hospital de Basurto, según fuentes médicas.
Al cierre de esta edición, el contexto en el que se produjo la agresión seguía siendo un misterio. Fuentes del departamento de Interior consultadas por EL CORREO explicaron que la Ertzaintza ha abierto una investigación para aclarar lo sucedido. Sin embargo, admitieron que las circunstancias «no muy normales» en las que se produjo su llegada al hospital, sin intervención de ninguna patrulla policial y de ninguna ambulancia, no ayudan a esclarecer lo ocurrido.
Los episodios de delincuencia en los que aparecen armas de fuego no son muy comunes en Vizcaya. El año pasado, por ejemplo, dos empresarios fueron tiroteados en Fika. En marzo de 2004 un hombre recibió un balazo en un pie durante un atraco a un pub. Un año antes, un delincuente considerado «peligroso» por la Policía, resultó herido de bala al disparársele el revólver a un policía que le perseguía en Barakaldo. Un chico recibió un impacto de bala de un policía municipal bilbaíno en agosto de 2001 al empuñar delante de él una pistola de juguete. El agente la confundió con un arma de fuego real.








