«Viven en unas condiciones tercermundistas, en chabolas construidas por ellos mismos con cartones, plásticos, palés de madera y chapas, sin luz, sin agua y sin un mínimo de habitabilidad», declaró ayer este alcalde socialista, que pide ayuda a las demás administraciones para desalojar a los inmigrantes. Para las próximas campañas agrícolas de recolección sólo se necesitarán a unos 70 trabajadores y, en opinión del primer edil, no todos los acampados tienen interés en encontrar un empleo.
Según Santiago Sánchez, en este asentamiento hay niños y mujeres embarazadas que malviven entre basura mientras los adultos hacen sus necesidades en cualquier parte. «Si no cuidan su propia higiene personal, uno se puede imaginar cómo se comportarán hacia los demás», indicó el alcalde, que atribuye a estos inmigrantes los recientes robos cometidos en algunas viviendas y huertas del pueblo. En este sentido, añadió que «estamos soportando su mal comportamiento cívico y en el pueblo hay miedo porque hay inseguridad. Temo que esto se nos vaya de las manos y todos nos tengamos que lamentar».
El problema al que se enfrenta Llanos del Caudillo es similar al que tuvo que afrontar este verano el pueblo de La Herrera (Albacete), donde 2.000 rumanos y búlgaros estuvieron acampados ilegalmente durante varias semanas al lado del canal del trasvase Tajo-Segura, del que aprovecharon su agua para asearse y hacer la colada.








