
Además de con pisos, garajes y zulos, los terroristas contarían con una red suficiente de colaboradores, a pesar de que parte del comando se vio obligado a escapar a finales de 2006. Su huida la precipitó el hallazgo casual por parte de la Ertzaintza de un zulo con 50 kilos de explosivos en Amorebieta, el 23 de diciembre, una semana antes del atentado que mató a dos jóvenes en Barajas.
El 9 de enero fueron detenidos en el sur de Francia Asier Larrinaga y Garikoitz Etxeberria, ambos huidos desde el hallazgo de Amorebieta y la posterior localización de una bomba lista para utilizar en el coche de un familiar del primero. Un tercer miembro de aquella estructura, Aritz Arginzoniz, fue arrestado en Santander cuando preparaba un atentado, mientras que Ekaitz Aguirre, con responsabilidad en aquel 'comando Vizcaya', fue uno de los tres arrestados en la operación de la Guardia Civil que frustró un ataque con explosivos de envergadura durante el último Debate sobre el Estado de la Nación. La considerada líder de aquella estructura, Saioa Sánchez, aparece en los carteles con las fotos de los terroristas más buscados.
Estudio de la grabación
El detallado visionado de las cintas grabadas a las 3.30 horas del viernes por las cámaras de seguridad de la casa cuartel ha abierto la posibilidad a la existencia de un tercer terrorista en el escenario del atentado. Las imágenes desvelan que el encapuchado que aparca la Citröen C-15 se introduce en el Seat Ibiza de matrícula portuguesa en el asiento posterior al del copiloto. Los analistas de Información creen también posible que un cuarto activista aguardara en Amorebieta con un tercer coche, listo para recoger a sus compañeros tras destruir el Ibiza.
Como ya informó ayer este periódico, las grabaciones también muestran cómo, al escapar, este coche gira y regresa a la furgoneta bomba. El encapuchado se baja del turismo, manipula algo en el interior de la C-15 y vuelve al automóvil, que emprende de nuevo la huida. Poco después, el artefacto estalla. Los investigadores creen que, en un primer momento, los etarras intentaron activar la bomba con un mando a distancia que no funcionó, quizás por la acción de los inhibidores de ondas, recién conectados desde la sala de control. Es por ello que el encapuchado vuelve a la furgoneta para activar un temporizador de recorrido muy breve.
Esta hipótesis, no obstante, no ha podido ser confirmada por los especialistas de la Policía Científica y TEDAX, ya que hasta el momento no han podido recuperar ningún resto del iniciador.






