
Como Edouard Balladur, a la derecha reformista, o Michel Rocard y Jacques Delors, a la izquierda moderada, Barre pudo aspirar a la jefatura del Estado, a la que parecía llamado por su rigor, su ambición, su responsabilidad, la calidad de su trabajo intelectual, universitario y estrictamente político, francés y europeo. Pero la franqueza brutal de su lenguaje le robó la popularidad que saben ganar los demagogos. Y sus rivales inmediatos (Jacques Chirac) usaron contra él las armas políticas más endemoniadas.
Barre nació en una familia acomodada aunque con dramáticos problemas, en la isla francesa de Reunión. Su padre fue víctima de un trágico error judicial y abandonó a su esposa y familia cuando Raymond tenía 4 años. Barre se graduó de forma brillante en su localidad natal y en París, granjeándose una justa fama de maestro de la economía política. También fue autor de un legendario manual que ha servido de libro de cabecera a varias generaciones de estudiantes.
Por la puerta grande
Desde la universidad, Barre hablaba con irónica distancia de la política nacional. Hasta que el general de Gaulle le propuso la Vicepresidencia de la Comisión Europea, responsable de asuntos económicos. En ese cargo, entre 1967 y 1972, el político fue uno de los grandes pioneros de la convergencia económica y monetaria de la antigua Comunidad Económica Europea (CEE).
Fue Valery Giscard d'Estaing quien lo hizo entrar por la puerta grande de la alta política, en 1976, nombrándolo primer ministro, para sustituir a Chirac. Los enfrentamientos de ese trío hipotecaron el centrismo y el conservadurismo francés durante una larga década. Y en ese puesto, entre 1976 y 1981, con la llegada al poder de François Mitterrand, Barre afrontó los desafíos temibles de la crisis siderúrgica, dos choques petrolíferos y el lanzamiento del programa electronuclear francés.
Giscard consideraba a Barre como el mejor economista de Francia. Y, con motivo de su muerte, ha vuelto a rendirle un firme homenaje. Sus convicciones de fondo y su rechazo de toda demagogia ideológica, lo convirtieron al mismo tiempo en el blanco ideal de la derecha populista de Chirac y de la izquierda que defendía la «ruptura con el capitalismo», liderada por Mitterrand.
Hombre respetado
En la oposición política, desde 1981, Barre se destacó por criticar con la misma severidad a Mitterrand y a Chirac. Ese comportamiento terminaría por hundir su carrera, en 1988, cuando su candidatura a la presidencia de la República apenas contó con el 16% de los votos en la primera vuelta.
La razón hay que buscarla en las campañas de intoxicación socialistas y conservadoras, precisamente. Raymond Barre se «replegaría» políticamente en la alcaldía de Lyon, utilizando su escaño parlamentario de diputado hasta el 2002 para lanzar flechas envenenadas a diestra y siniestra. Ese comportamiento lo convirtió en un «sabio» nacional, respetado y adulado, pero odiado por el «microcosmos» que no soportó su rechazo a las concesiones populares.






