
-¿Fue otra forma de seguir la tradición familiar o de romper con ella?
-Yo era un avanzado, porque al comenzar los sesenta no creas que aquí gustaba el rock. Aquí gustaba el Dúo Dinámico, que ni era rock ni era nada, eran unos cursis. A nosotros nos gritaban: «¿Ya está bien de guachi guachi!»...
-Así que fueron pioneros.
-Un grupo underground. Éramos hijos de papá. Teníamos contacto con la música americana gracias a la base de Torrejón y allí vimos a Sam Cook, Otis Redding, las Supremes..., que tocaban sólo en la base, sin pisar suelo español. Y llegamos a tocar con los Kinks y los Animals, nada menos.
-¿Por qué dejó el rock cuando tenía tanto futuro... el rock?
-Me lo pasaba muy bien, ganaba dinerito y ligaba, pero llegó un momento en que vi que por ese camino no iba a ningún lado.
-¿Le ha pesado el apellido?
-No, porque no he sido director de orquesta. En ese caso, sí, las comparaciones habrían sido inevitables.
-¿Y hubiera querido serlo?
-Claro. Mi ilusión era ser director y lo había hablado con mi padre. Pero su muerte, cuando yo sólo tenía 12 años, partió mi vida. Fui a un internado, luego vino lo de Los Tonys, y a los 18 años era ya muy tarde para empezar.
-¿Ni siquiera lo intentó?
-Sí, ya casado y trabajando en la radio fui al Conservatorio, estudié y me planteé dejarlo todo por la música, pero tenía 32 años y ahí ya me faltaron... cojones.
-O sea, que es un director frustrado.
-Sí. Y el caso es que creo que hubiera sido un buen director. De hecho, lo paso fatal en un concierto, porque si el tío dirige mal lo noto y si dirige bien paso una envidia...
-Ahora propaga la música clásica entre los niños. ¿Esa labor da frutos?
-Me conformo con divertirles y borrarles el cliché de que la clásica es aburrida. Lo importante es que escuchen música de diferentes tipos para que sepan que el abanico es amplio y alguno les puede gustar.
-Lleva 31 años con 'Clasicos populares'. ¿De verdad divulga la música entre los no iniciados o divierte a los ya melómanos?
-Los melómanos no necesitan nuestro programa, aunque algunos nos escuchan, desde luego.
-¿Cómo se puede identificar una obra habiendo oído sólo un segundo de ella?
-A mí mismo me sorprende. Pero es así, llaman y aciertan. Algunos creerán que está amañado.
-¿Le reprochan que cuente intimidades de los clásicos?
-Han llegado a amenazarme por decir que Chaikovski era homosexual. Pero no lo contamos por cotillear, es que conocer su zozobra interior es fundamental para comprender su música.
-¿Qué compositor no ha tenido la gloria que merecía?
-Hans Rott escribió una sola sinfonía, Brahms le dijo que se dedicara a otra cosa y murió loco. La obra es magnífica.
-¿Un director?
-Aparte de los inevitables, Daniele Gatti, un italiano físicamente contrahecho, pero que coge la batuta y se transforma. Y un venezolano de 26 años, Gustavo Dudamel.
-¿Una orquesta?
-La Filarmónica de Viena.
-¿Una pieza?
-'La Pasión según San Mateo', de Bach.
-¿Una sala?
-La sala dorada de la Musikverein, la del concierto de Año Nuevo.
-¿No es muy difícil alguna música contemporánea?
-El creador siempre va un paso por delante, pero algunas de esas obras tienen ya más de medio siglo y no han sido asimiladas. Es que han hecho algo muy osado, que es romper la tonalidad y la tonalidad es algo físico. Se ha comprobado hasta con ratones: si tu pones en un rincón música de Mozart y en otro música de Schönberg, los ratones van corriendo al rincón de Mozart.
-¿Y hasta cuándo con 'Clásicos...'?
-Yo me he apuntado a la prejubilación porque no le auguro a RTVE un buen futuro, al menos a corto plazo.
-¿Qué le hace disfrutar además de la música?
-¿El fútbol! Disfrutar y sufrir, sobre todo el último año. Pero no quiero decir de qué equipo soy.
-¿Y qué es esa partitura que tiene sobre la mesa?
-Estoy tratando de componer un himno para una peña madridista.
-Ya me parecía.
-Mi padre, que era de Castro Urdiales, era muy del Athletic de Bilbao, pero yo nací ya en Madrid y quién no era madridista en la época de Di Stéfano y las Copas de Europa.






