¿Pensando en Irán? No necesariamente, porque la operación contra ese país, si se produce, tomará la forma de un gran bombardeo desde el aire -una lluvia de misiles de crucero y bombas capaces de penetrar el hormigón subterráneo- y no una invasión por tierra, que sería otro desastre. De modo que lo que hace el general Pace, que le debe el cargo a Bush, es dar a la Casa Blanca el argumento que necesita para quedar bien. Un argumento técnico, no político.
Lo mismo hará, desde una solvencia profesional que se le reconoce unánimemente, el general David Petraeus, jefe supremo en Irak, que el día 11 ó 12 de septiembre debe presentar al Congreso su esperado informe, como hará también el embajador en Bagdad, Ryan Crocker. Se da por hecho que ambos repetirán lo sabido: hay mejoras de la seguridad en Bagdad tras el refuerzo de los últimos meses, pero insuficientes, el Ejército iraquí no está listo para tomar el relevo y el Gobierno de Al-Maliki es políticamente incapaz.
Pace ha sido un jefe poco brillante y cuando a finales de septiembre deje su función será uno de los contados titulares del mando supremo que no haya sido prorrogado al menos por un período más. Se susurra, incluso, que su criterio está dictado también por el hecho de que Petraeus le roba el 'show', pues realmente debería ser él quien presentara el informe que previamente le habría presentado su subordinado. Pero Bush, claramente, apostó más por el segundo, quien tiene, aparentemente, un estatus que le permite hablar con el presidente sin intermediarios.






