
«¿La guerra está perdida, saquemos las tropas!», gritaba ayer en la CNN el comentarista Keith Boykin, ex asesor del presidente Bill Clinton. Incluso su contraparte conservadora en el debate admitía que no ha habido avances políticos en Irak, y sin ellos el propio almirante Michael Mullen, que sustituirá a Pace a final de septiembre, ha dicho al Congreso que «no hay cantidad de tropas ni de tiempo que puedan cambiar mucho las cosas» en Irak.
El grueso de la cúpula castrense discrepa con el presidente y su comandante en Irak, el general David Petraeus, sobre la conveniencia de forzar la estructura con tal despliegue. El general Pace quiere hacer un último servicio a la patria siendo franco al transmitirle la preocupación de que las Fuerzas Armadas no podrán responder a una nueva amenaza si no empieza ya a dar marcha atrás, según publicaba ayer el diario 'Los Angeles Times', pero aún busca las palabras.
135.000 hombres
Algunos asesores de Bush esperan poder disminuir la presencia militar hasta los 135.000 hombres que había antes de la escalada con la que Bush había prometido llevar la paz y la seguridad a Bagdad, pero esa cifra es insuficiente a ojos de Pace. El actual jefe del Estado Mayor cree que mantener más de 100.000 hombres a lo largo de 2008 debilitará severamente al Ejército.
Con ello pondrá a Bush en un difícil dilema, porque el mandatario siempre ha presumido de escuchar a los generales en vez de a los políticos. Y entre estos últimos, Warner es la otra voz que complicará su existencia. El octogenario senador, que fuese secretario de Marina y presidente del Comité de Servicios Armados, es actualmente el republicano de más peso en ese comité. Y por si le faltara credibilidad, que no es el caso, sus declaraciones se produjeron durante una conferencia de prensa en la que anunció sus conclusiones tras la visita que acaba de hacer a las tropas en Irak.
«Como nación, simplemente no podemos quedarnos parados y dejar que nuestras tropas continúen arriesgándose a perder su vida o sus extremidades sin empezar a tomar alguna acción decisiva», reflexionó ante las cámaras. Warner cree que el presidente debe empezar la reducción de tropas antes de mitad de septiembre con un número simbólico, «digamos 5.000 hombres», para que puedan pasar la Navidad en casa.
Con ello espera que se le envíe al Gobierno iraquí el mensaje de que el apoyo no es «un cheque en blanco», declaró parafraseando a Bush. «De verdad, firmemente creo que el primer ministro Al-Maliki ha dejado tiradas a nuestras tropas», dijo sumándose al coro de voces que piden su reemplazo.
El propio Bush había reconocido el lunes «cierto grado de frustración» con el primer ministro, pero ante la virulenta reacción de éste se apresuró a reiterarle su apoyo público. Fuentes del gobierno sostienen que Bush le apoya por las mismas razones que el Parlamento iraquí no le reemplaza, el miedo al vacío de poder que quedaría mientras se logra consenso para un sucesor.






