
Según comentó ayer a este periódico, «dos policías entraron en nuestro camerino con unas colillas de porro en la mano. Venían a comprobar si habíamos fumado en el escenario. Decían que unos chavales a los que pillaron fumando les comentaron que el grupo también lo había hecho...». En aquel momento intervino Alconchel y les recordó que los camerinos -instalados dentro de la Casa Consistorial- eran un recinto privado. «Es un precedente peligroso. No se puede invadir así un espacio donde descansan unas personas después del trabajo», alegó. Lo que no debió de sentar muy bien a los agentes, que empezaron a pedir papeles. «Supongo que no ayudaría que les animara a no ver tanto 'CSI'», reconoció el mánager.
El ambiente se fue caldeando y después de hora y media de discusión «en la que nos tuvieron retenidos para que no se enterara el público, que seguía fuera, no se nos llevaron a ninguno, como amenazaban. A los músicos sólo les vi fumar tabaco, pero hay dos denuncias contra Javier y Rubén por consumo de drogas y otra contra mí por obstrucción al orden, que debe de ser más seria».
Los raperos se quejan del trato recibido, que achacan «a un calentón de los agentes, molestos por nuestras letras». Afirman que al día siguiente recibieron el apoyo de la concejalía de Cultura, organizadora del concierto. «Delante de mí, el concejal le recriminó al jefe de Policía: '¿No había más problemas en Tarragona de los que preocuparse?'».
Los funcionarios defienden su celo con el argumento de que el delito debe perseguirse sin excepciones. Y ya que la leyenda describe a Sant Jordi -patrono de catalanes- como agricultor y perseguidor de malechores, es de ley entender que la Policía interviniera sin miramientos ante un supuesto delito que tanto tiene que ver con los productos del campo. Nadie puede probar que los raperos consumieran hachis -cuya legalización, por cierto, apoyan-, pero como el Ministerio de Sanidad se entere de que estaban fumando en el trabajo






