
Porque en 'Bratz. La película', las incombustibles chicas forman equipo contra los advenedizos que las rodean, al son de la tira de canciones y números musicales, cursis hasta el empalago. Aun así, el punto fuerte del tinglado es la batalla de comida basura que tiene lugar en un chic centro comercial, aunque más bien sirve de aperitivo para que nuestras cuatro heroínas cumplan su máxima aspiración en la vida. O sea: ir de compras al buen tuntún.
Cine sonajero, pues, escorado irremisiblemente hacia una empalagosa estética al agua de rosas, donde la presentación de los personajes y de las situaciones es tan torpemente obvia, que hasta el espectador más despistado adivina absolutamente todo lo que va a ocurrir. A partir de ahí, el ínclito realizador Sean McNamara (responsable de 'Casper y sus amigos') nos enjareta un espeso guisote sobre una cierta juventud norteamericana. Así le va, a la película y al sufrido espectador que la padezca.






