Este subalterno que acabamos de señalar sucedió a su padre, del mismo nombre, en la cuadrilla de Julián. Es familia de La Campana, en Sevilla, una localidad orilla con la finca de Miura y mirando a Palma del Río y tierras cordobesas. Al toro del monterazo lo picó en la vara esencial Salvador Núñez en la puerta de salida. Le dio para ir pasando y en frente de chiqueros, lugar idóneo, le colocó un picotazo.
En el quinto a Diego Ortiz se le sentó el caballo después de acabar su cometido. Jose Antonio Carretero le arreó un par de palos con facilidad y sin esforzarse en destacar. También cumplió con su cometido Emilio Fernández.
Buena cuadrilla de hace años lleva Ponce. Pero ayer no se les vio la categoría ni brillaron con la luz que atesoran. Al toro que abrió plaza le repartieron garapullos los hermanos Antonio y José María Tejero. Lidió Mariano de la Viña, que fue desarmado en un par de ocasiones, cosa rara en tan buen lidiador. El segundo de Ponce descabalgó a Manolo Quinta que, una vez recuperada la montura, le dio para ir pasando al bóvido sin contemplaciones de cal y raya. El público le pitó con afición. Especialmente porque no acertaba a quién culpar de que la tarde transcurriera tan gris y tan plana.
La cuadrilla del torero de Orduña tuvo en sus filas a Roberto Ortega, natural de Vitoria y asentado en Guadalajara, que no pudo completar sus pares en el tercero. Sí lo hizo en el toro que terminaba la tarde Javier Ortiz y el compañero que falta, Pedro Verdejo, estuvo como debió.
La plaza estuvo muy dispuesta con el torero local y la Banda Municipal de Bilbao pasó un frío horroroso porque apenas se estrenaron en las faenas. Al final, Iván Fandiño fue premiado con una oreja del que mandó al personal al brasero y que se la van a condicionar mucho más que otras que han dado este mismo ciclo con similares méritos. Siempre se dijo en el toreo que la estocada buena valía una oreja. La de Fandiño fue de las buenas. Todo el mundo es un poco madrastra de sus hijos públicos.
Por los pupitres de prensa anduvo el matador riojano Diego Urdiales que el pasado día 18 cortó tres orejas y rabo a un toro de vuelta al ruedo de Baltasar Ibán ¿Pena que el sucedido fuera en la plaza de Alfaro, que es de tercera y con escasa resonancia! El torero no deja feria bilbaína sin visitar y disfrutar con su compadre y vecino, de aquí al lado, Alfredo Casas.
El festejo causó gran expectación, los ertzainas hicieron un verdadero acopio de entradas de reventa y el público salió decepcionado porque esperaban mucho y le dieron muy poco.








