
De moneda en moneda hacen su agosto, pero algunos aseguran que «lo mejor es arrancar una sonrisa a la gente» o «mantener una conversación». Ninguno de ellos esconde que tienen un trabajo duro, pero coinciden en que les gusta lo que hacen. La mayoría tiene su espectáculo callejero y más de uno reclama que no le consideren «un mendigo, sino un artista».
EDU PÉREZ
Gaitero
«Me va mejor que a los heladeros»
Vestido completamente con ropa oscura, sombrero incluido, Edu Pérez infla y toca su gaita en los alrededores de la plaza Unamuno. Este asturiano, de la localidad de Sanmartín d'Oscos, recién afincado en Portugalete es capaz de hacerla sonar más de diez minutos seguidos -comprobado-, mientras los caminantes se lo agradecen con monedas. «No me quejo, me va bastante bien, seguro que mejor que a los vendedores de helados», bromea. «Ahora» este es su trabajo, pero en otoño e invierno suele cambiar de faceta porque «con el frío, es bastante jodidillo tocar».
Ésta es su primera Aste Nagusia, pero también acude a «otras fiestas del País Vasco». Lo que más valora de tocar la gaita son «los detalles de la gente» y asegura que «en Bilbao encuentro mogollón». «Me gusta que se paren a hablar conmigo y que me cuenten cosas. El calor humano vale más que la pasta», valora.
Debido a que le encanta recibir el cariño de la gente, Pérez lamenta que «hace unos días» le tiraran un huevo, mientras tocaba «cerca del Ayuntamiento». «Prefiero que llamen a los ''munipas'' o que me digan que me vaya a tocar a otro continente, pero tirar huevos, a parte de peligroso, te mancha la ropa y queda muy feo», se queja. Un tanto disgustado, respondió al 'ataque' a su manera. «Cuando cayó el huevo, pensé en marcharme, pero me puse a tocar todavía más fuerte», relata.
Pérez explica que también ha formado parte de un grupo, pero «lo que más me gusta es tocar solo en la calle; es como saco más pasta». Además, reconoce que es «bastante indisciplinado en este sentido». «Si vas con alguien, tienes con quien hablar, pero también tienes con quien discutir. Si viajas solo, acabas hablando con más gente y descubriendo mejor los sitios».
JUAN LUIS BOMBITA
Titiritero
«¿Dónde te aplauden cada diez minutos?»
A muchos bilbaínos les sonará su cara, o bien su número de teatro de calle. Ya son «diecisiete» los años que Juan Luis Bombita lo realiza en una de las salidas de la plaza Nueva. Tanto por la mañana como por la tarde, este madrileño hace que dos muñecos, un hombre y una mujer muy elegantes, bailen sobre su espalda. Al son de la música, a cuatro patas y con un gran esfuerzo de coordinación, este artista consigue que los dos bailarines, bien agarrados, salten como si fueran a ganar el primer premio de un concurso de bailes de salón. Al estar todo el tiempo envuelto con la falda de la dama, Bombita pasa mucho calor y, cada vez que acaba de bailar, se abanica.
Los bilbaínos no son el único público de este titiritero. «He viajado por toda España e, incluso, por Estados Unidos y Australia», explica. Se dedica íntegramente a sus títeres, «un trabajo que no tiene ninguna pega». «Si te fijas, yo soy el jefe; me pagan inmediatamente; encima, dejo de trabajar cuando quiero y, si me hace falta más dinero, lo hago más. Además, ¿en qué trabajo te aplauden cada diez minutos?», presume. Eso sí, reconoce que «si en algún lugar no me pagan bien, me voy».
GONZALO LÓPEZ
'Mickey Mouse'
«De día vendo globos y de noche, pitos»
Todas las mañanas, en el muelle de Ripa se pueden escuchar gritos de alegría de muchos niños que disfrutan de las atracciones del Txikigune. Buena parte de los chavales corretea por la feria con un globo en la mano que han recibido del mismísimo Mickey Mouse, que pasea estos días por la villa. Gonzalo López es quien se esconde tras el ratón más popular de Disney. «No me disfrazo de ningún otro personaje. A los niños les encanta que Mickey esté en las fiestas; es una forma de vender más», explica. Este joven boliviano va por toda España de fiesta mayor en fiesta mayor. Su trabajo consiste en ofrecer globos a los pequeños con la forma del animal que más les guste, a cambio de la voluntad. «La gente me da veinte o treinta céntimos; algunos, incluso, un euro», cuenta.
Su padre «ya lleva cuatro años en España», pero él llegó a Madrid hace «seis meses». Por eso, ésta es su primera Aste Nagusia y espera «volver todos los años». De día, este Mickey Mouse hace más feliz la vida de los niños, pero a eso de las dos y media de la tarde se quita su disfraz para vender pitos al anochecer, cuando empieza a hervir el Arenal. «Me pongo en una esquina y los vendo a dos euros», señala.
ALDO ADLER
Músico
«Mi éxito está en los ojos de la gente»
Un músico muy bien equipado. Con micrófono, altavoces, un maletín con sus éxitos a la venta (diez euros por disco), ataviado con un elegante traje blanco y luciendo una perilla perfectamente recortada, el argentino Aldo Adler versiona temas de Miguel Hernández o Silvio Rodríguez, entre otros, en una esquina de las siete calles. Con la Aste Nagusia pondrá fin a su 'gira' por las fiestas mayores del norte la península y se irá «de vacaciones». «Mi predilección es el País Vasco», asegura.
Adler prefiere tocar en la calle antes que en un escenario donde unos focos no le permitan apreciar la reacción del público apiñado a su alrededor. «Los músicos comunicamos y el éxito lo encontramos cuando los ojos de los que nos escuchan empiezan a brillar», argumenta. Acompañado de su guitarra, suele tocar «unas dos horas al día» en el metro de Madrid. «Todos los días se paran un par de personas a hablar contigo, y eso que en el metro todo el mundo va apurado», valora. Además, este vocalista ve, en la calle, «un escaparate para que te vea algún concejal y te contrate».
Aunque ama su trabajo, también sabe ver el lado negativo. Con una moneda de dos céntimos en la mano, que recoge de la funda de su guitarra convertida en hucha, este músico pregunta: «¿Qué te está diciendo una persona que te da esto? Te está diciendo que lo que haces vale solamente esto, una mierda». No obstante, le importa poco; procura que la gente nunca se aburra. «Si toco algo conocido, la gente se para y te escucha, y si están animados, toco alguna mía», explica.
CRISTINA DE JESÚS
Vendedora de globos
«El que más gusta es Spiderman»
Entre las innumerables cabezas de los paseantes que cada día abarrotan las calles del Casco Viejo, sobresale un buen fajo de globos que se mueve al mismo ritmo. Su dueña es Cristina de Jesús, que ha venido a la Aste Nagusia por tercer año para dibujar sonrisas en las caras de los más pequeños. «Sin duda, los que más gustan son, primero, Spiderman y, luego, Simba del Rey León», comenta. Los vende a cinco euros la unidad y asegura que Bilbao no es su mejor mercado. «En fiestas de Vitoria hay más vendedores de globos, pero allí vendo más que aquí».
Cristina no está sola en la capital vizcaína. En los nueve días que duran las fiestas, sus padres y hermanas también reparten globos por la villa. A parte del País Vasco, durante el resto del año, esta familia recorre ciudades como «Burgos, Miranda de Ebro, Valladolid, Logroño y Palencia» con el mismo objetivo. «Viajamos en furgonetas y camiones», recalca. Así que el 26 de agosto, les tocará encontrar un nuevo destino. Carretera y manta.








