De esta forma tenemos ya dos elementos clásicos en la historia urbana de la villa a los que no podremos llamar nunca inmóviles sino, más bien, ambulantes, porque los dos han estado emplazados en cuatro lugares diferentes. Uno de ellos (lamentablemente desaparecido) es el citado reloj de las cuatro esferas y el otro, aún en activo afortunadamente, es el monumento a don Diego López de Haro.
De los cuatro emplazamientos que tuvo el monumento ambulante de Don Diego, poseo documentación gráfica en diversos libros. De ella se deduce que estuvo en la plaza de los Santos Juanes y en la plaza Circular con su pedestal de baja altura.
También ocupó el centro de la Plaza Nueva y, finalmente, fue colocado en su actual sitio de honor en la plaza Circular, con un pedestal muy aparente y de más altura que el anterior. Al producirse el último traslado, y pensando en posibles repeticiones, alguien sugirió la idea de dotar al monumento de ruedas y un motor para que los sucesivos cambios fuesen mas fáciles.
El otro 'monumento' ambulante que tuvimos en la villa fue, como he dicho, el popular reloj de las cuatro esferas que estuvo emplazado en El Arenal. Conservo el testimonio del dirigente socialista Indalecio Prieto que, junto a aquel reloj, recibió la llegada del siglo XX. Estuvo también este reloj en la Gran Vía (cruce de Astarloa) y lo certifico con una fotografía sacada del libro 'Objetivo discreto' de aquel gran bilbaíno que se llamó Julián del Valle.
Del tercer lugar donde estuvo el reloj, la plaza del Ensanche, ya he hablado al principio. Y para el cuarto emplazamiento del reloj no necesito ningún documento gráfico porque lo llegué a conocer en mis años juveniles y lo tengo todavía grabado en la memoria.








