
El informe, elaborado a partir de los datos del Ministerio de Medio Ambiente para el periodo 1996-2005, identifica, además de a los agricultores, ganaderos y excursionistas, al mal cazador, al pirómano, al 'interesado', al individuo asocial conflictivo y al 'don importante'.
Según Greenpeace, las quemas de rastrojos realizadas por los labradores están en el origen del 31% de los incendios y de casi el 14% por ciento de la superficie devastada en España. Les siguen los fuegos para regenerar los pastos, que ocasionan el 21,5% de los siniestros y que, a la postre, son responsables del 26,5% de las tierras asoladas.
Miguel Ángel Soto, responsable de bosques de la organización ecologista, precisó que el estudio no pretende «demonizar» el medio rural, sino resaltar la imprudencia de unas cuantas personas concretas.
En realidad, agregó Soto, el elevado número de incendios forestales atribuidos a los agricultores se debe a que, cuando son ellos los responsables, resultan fáciles de descubrir. Sin embargo, el 47% de los 20.000 fuegos que se producen en España cada año tiene un origen desconocido. En realidad, sólo se detiene al 1% de los que queman los montes.
Para paliar esta situación, Greenpeace propone reforzar los equipos de los fiscales con peritos especializados. De ese modo, se evitaría que las investigaciones acaben sobreseídas por falta de pruebas y que los culpables queden en libertad.








