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El primer ministro iraquí planta cara a Bush y amenaza con buscarse «nuevos aliados»
El líder estadounidense rectifica rápidamente sus críticas a Al-Maliki, mientras avisa a los que piden una salida precipitada del país árabe que recuerden Vietnam
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El primer ministro iraquí planta cara a Bush y amenaza con buscarse «nuevos aliados»
Al-Maliki saluda a miembros de la comunidad iraquí durante su visita a Siria. / EFE
Nuri al-Maliki, el mandatario iraquí que dejó plantado a George W. Bush en Jordania en noviembre pasado por unas filtraciones en la prensa americana, volvió a rebelarse contra el inquilino de la Casa Blanca ayer al advertir de que «nadie tiene derecho a ponernos plazos». El presidente estadounidense, que la víspera había expresado «cierto nivel de frustración» con el Gobierno de Bagdad, reculó rápidamente.

«Nuri al-Maliki es un buen tipo, un buen hombre con un difícil trabajo que hacer, y yo le apoyo», dijo Bush durante la Convención de Veteranos de Guerras Extranjeras celebrada en Kansas (Missouri). «Y no le corresponde a los políticos de Washington decir si se queda en el cargo o no, sino al pueblo iraquí, que ahora vive bajo democracia y no bajo una dictadura».

Bush se refería a las declaraciones que hizo el lunes el senador demócrata Carl Levin, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, en la que pidió públicamente que el Congreso iraquí reemplace a Al-Maliki por otro primer ministro con más capacidad unificadora, si éste no puede acomodar a todas las facciones en su Gobierno. Sin embargo, no era eso a lo que respondía el líder árabe desde Damasco cuando advirtió que su Ejecutivo ha sido elegido por el pueblo de Irak, y nadie de fuera tiene derecho a decirle lo que tiene que hacer.

En concreto reaccionaba a los comentarios de Bush y a los del embajador estadounidense en Bagdad, Ryan Crocker, que calificó sus avances de «extremadamente decepcionantes». Una evaluación que se produce a sólo tres semanas de que el general David Petraeus lea ante el Congreso su informe sobre los progresos en Irak, que servirá para que la Cámara revise su apoyo a las operaciones militares.

Hacer más

«Realmente no hay en ninguna parte un fuerte sentido de que el Gobierno central está presente y activo en mejorar las condiciones en Irak», dijo Crocker, frustrado. «Tiene que hacer más». Bush secundó toda esa lluvia de declaraciones cuando dijo, desde la cumbre norteamericana de Quebec, que «si el Gobierno no responde a las demandas del pueblo, le van a reemplazar». Pero a Al-Maliki no le tembló el pulso en público. Incluso dijo que «no le preocupan mucho estas declaraciones», que calificó de «descorteses», y que a su juicio pueden responder a la naturaleza de su visita a Siria.

«Puede que esa persona que hizo esos comentarios ayer (por el martes) esté enfadada» por la visita, sugirió. EE UU considera al país vecino de Irak amigo de los terroristas y causa del flujo de dinero, armas y yihadistas que cruzan las fronteras. Pero si la Casa Blanca amenazaba con reemplazarle, Al-Maliki amenaza con buscarse «nuevos aliados alrededor del mundo». Una causa a la que podría ayudar el ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, que ha visitado Irak por sorpresa.

El discurso de Bush no sólo tenía la misión de rebajar la tensión con ese aliado en el que se gasta casi 6.000 millones de euros al mes, sino convencer a la opinión pública americana de que vale la pena apostar por la misión en Irak. En su repaso por todas las guerras en las que EE UU ha intervenido desde el siglo pasado, Bush dio especial importancia a la de Vietnam, donde la polémica retirada, tras 14 años y cerca de 60.000 muertos, aún escuece al pueblo estadounidense.

Precio de la retirada

«Cualquiera que sea vuestra posición en ese debate, un legado inequívoco de Vietnam es que el precio de la retirada americana lo pagaron millones de ciudadanos inocentes cuyas agonías añadirían términos nuevos a nuestro vocabulario, como la gente de los botes, campos de reeducación, y campos de la muerte», recordó. Esta vez, aseguró, el precio lo pagarán también todos los americanos, porque supondrá una victoria para todos los extremistas del mundo que traerán «muerte y destrucción a nuestras propias calles». De hecho, Bush cree que los ataques del 11-S también fueron una consecuencia de la debilidad mostrada en Vietnam, y como prueba leyó a su audiencia de veteranos una declaración que Bin Laden hizo a un periódico paquistaní después de los ataques con los que se justificó la invasión de Irak. «El pueblo americano se levantó contra su Gobierno en la guerra de Vietnam y hoy debe hacer lo mismo», parafraseó el hombre más buscado del planeta.
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