
Su subconsciente pudo traicionarlo al pensar exclusivamente en Lima, que se estremeció con fuerza pero donde los daños no llegaron a los niveles registrados en las ciudades de Ica, Pisco y Chincha, todas al sur de la capital, donde murieron más de quinientas personas y alrededor de un millar resultaron heridas. Lo paradójico fue que antes la televisión ya había informado de grandes destrozos en Ica e incluso del derrumbe de una iglesia con feligreses en su interior.
Aquella llamada a la tranquilidad impidió el desplazamiento de soldados y policías aquella misma noche al lugar del desastre, donde los supervivientes se tuvieron que bastar por sí mismos para rescatar de los escombros a sus seres queridos, vivos o muertos.
Minimizar la gravedad
Así lo relató el congresista del gubernamental Partido Aprista, Edgar Núñez, quien perdió a seis familiares en la iglesia de San Clemente de Pisco y quien, al conocer el suceso, viajó por carretera hasta esa ciudad, sin encontrarse a su paso a agentes o militares. Núñez añadió al programa 'El francotirador', de Jaime Bayly, que aparte de vecinos sólo se encontraban en la zona periodistas, que «sí habían percibido la gravedad» del suceso.
De haber desplegado al Ejército de forma inmediata «se habrían salvado vidas», denunció este congresista, a quien Bayly advirtió con ironía de que por estas declaraciones corría el riesgo de ser retirado del Partido Aprista.
Alan García tardó veinticuatro horas en llegar Pisco, donde organizó su cuartel general y continuó con los desatinos. Vale como ejemplo la respuesta a un periodista español que le preguntó sobre las informaciones que hablaban de una supuesta desorganización en la distribución de la ayuda. El presidente para responder a una comparativa entre el terremoto y la guerra civil española. «¿Su país se arregló en dos días después de la contienda?», preguntó García.
«Quien tenga miedo que se va-ya», fue otra de las cuestionadas frases del mandatario peruano cuando un grupo de cooperantes españoles que trabajaban en la búsqueda de cadáveres le reclamaron más seguridad porque se habían visto en medio de un tiroteo. También llegó a afirmar que se habían producido dos seísmos seguidos sin antes consultar al Instituto Geofísico, cuyo director de Sismología, Hernando Tavera, dijo días después que fue un sólo terremoto de tres minutos y treinta segundos de duración y «muy complejo en su desarrollo».
Acompañado del presidente colombiano, Álvaro Uribe, el presidente se adentró el domingo en las ruinas de la iglesia de Pisco, donde ofrecieron una conferencia de prensa entre los gritos de los bomberos, que, temerosos del colapso, exigían la salida inmediata del centenar de periodistas agolpados. Los congregados no daban crédito del desorden generado ante la decisión de García de invitar a su homólogo vecino a acceder a ese peligroso lugar junto a una comitiva de agentes de seguridad y periodistas.
El lunes, Alan García volvió a hablar desde Pisco a los informadores: «A veces algunos periodistas, no necesariamente peruanos, también de otros países, juegan a las alarmas. Hay alguna gente que gusta de atemorizar, llevan malas noticias, destruyendo el ánimo de la población». Ante los ojos atónitos de los reporteros, sostuvo que la prensa nacional e internacional debería confirmar sus noticias antes de transmitirlas a la población.
Por último exclamó: «¿Dónde están mis amigas las cantantes?, ¿Dónde están mis amigos los artistas?, ¿Dónde están mis amigos los futbolistas? Se necesita también distracción para los muchachos», subrayó ante una población que ha perdido todo y sólo reclama ayuda de emergencia.






