
El debutante Paolo Franchi construye un melodrama a base de miradas y silencios, encuentros fugaces y nexos casuales. Dibuja un triángulo amoroso en el que todos los vértices son seres solitarios. Cuando parece que la protagonista es la esquiva y fría voyeur, pasa a analizar la relación entre su presa y la novia de éste, una madura profesora universitaria que no ha logrado superar el recuerdo de su marido muerto. Todos parecen estar en coma emocional. Y para ser italianos apenas hablan.
'La spettatrice' avanza lenta y cansina sin que su ritmo pretendidamente romántico y misterioso cautive al espectador. Hay una fina línea que separa lo triste de lo aburrido, y Paolo Franchi la cruza en su empeño de firmar un manifiesto sobre la desolación existencial. «Nuestro drama es la creciente incomunicación y la incapacidad de concebir sentimientos auténticos. Ese drama domina a todos mis personajes», contaba Antonioni. De ese drama habla 'La spettatrice'.
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