
Así lo han confirmado a EL CORREO inmobiliarias de la costa vasca y de la Rioja Alavesa, donde han comenzado a tramitar este año alquileres de este tipo. «Son, en su mayoría, jóvenes que pueden pasar el verano en casa de sus padres y que ponen su piso en alquiler uno o dos meses para aprovecharse del 'tirón' de los precios», indica Egoitz Basurto, de la inmobiliaria BM de Deba. Similar información se obtiene en oficinas de Castro Urdiales, Bakio y Labastida, en Álava.
El fenómeno es «nuevo» y se da con cuentagotas, pero tiene una sencilla explicación. «No hablamos de familias asentadas, con hijos, donde una mudanza para tan poco tiempo es una tortura», indica un profesional vizcaíno. «Pero sí de parejas jóvenes o de personas solas, que pueden empaquetar sin mucho trabajo la ropa de invierno, subirla al camarote, y llevarse la de verano y los enseres más personales a casa de sus padres», agrega. En Labastida, la localidad de la Rioja Alavesa con mayor tradición veraneante, Teresa Rodríguez, de la inmobiliaria Toloño, también ha gestionado varios casos con este perfil.
El pellizco que se recauda con esta práctica tiene dos destinos principales, a juzgar por las explicaciones de los profesionales inmobiliarios consultados. Hay quien lo utiliza para financiarse sus propias vacaciones. «En lugar de dejar la casa cerrada, la alquilan y se pagan sus quince días en la playa o en el monte», apuntan. En otros casos, la 'paga extra' se reserva para afrontar la escalada del euríbor y contribuir al pago de la hipoteca.
Y es que el alquiler por una o dos semanas puede significar un buen pico, en función del municipio donde se emplace la vivienda. La costa vasca mantiene los precios y la demanda habitual de años anteriores -a pesar de lo inestable del tiempo en julio, que «retrae a los de última hora»-, con alquileres que alcanzan los 1.200 euros por quincena en las localidades con más tradición. El mercado, con todo, sigue siendo escaso. Se calcula que la costa vizcaína apenas oferta tres centenares de viviendas de alquiler para toda la temporada.
Mercado escaso
«Este año ha salido muy poco al mercado y lo que se ha puesto en alquiler se ha agotado. Mucha gente viene demandando un alojamiento para quince días, pero ya no queda nada», ratifica José Antonio Unanue desde la inmobiliaria Ekain de Zarautz, una de las localidades donde los precios son más altos. Alcanzan fácilmente los 1.500 euros por quince días.
En Bakio, el panorama es similar. «Se alquila mucho de particular a particular, de año en año y sin mucha publicidad», apunta una agencia local. «Dicen que este verano los precios han sido más altos que nunca, con rentas de entre 5.000 y 6.000 euros por la temporada completa. Pero lo ponemos en duda. Hemos tenido casas por 4.800 euros para dos meses y medio y no hemos conseguido alquilarlas», agrega uno de los profesionales. «Lo más caro que hemos tramitado ha sido una vivienda a 4.200 euros por toda la temporada», admiten.
En la localidad cántabra de Castro Urdiales, las viviendas más cercanas a la playa «pueden salir por unos 1.800 euros mensuales», informa Marian Morente, de la inmobiliaria Castro. Este año, en julio, todavía quedaban algunas quincenas por alquilar, a pesar de que lo habitual es que los interesados se den prisa y cierren los tratos en mayo y junio. «Quizá es por este tiempo gris que desanima mucho, pero hemos notado que faltan esos veraneantes de última hora con los que otros años se cerraba la temporada», apunta.
En el interior, el escenario es diferente. Labastida es la localidad que centraliza la oferta de casas de veraneo en Álava y el mercado de alquiler está de capa caída. «Quien viene de forma habitual ya se ha hecho con una segunda residencia. Apenas hemos tenido una veintena de pisos y casas para alquilar», comenta Teresa Rodríguez. ¿El precio? Entre 1.000 y 1.200 euros mensuales.








