'No hacer daño a nadie'. ¿De verdad que no hace daño a nadie alguien que tiene sus propias ideas sobre el movimiento de los astros? ¿No serán sus hijos los primeros damnificados al recibir de sus manos una educación que cuestiona todo el sistema copernicano? ¿No podemos temer sólo por ese indicio que esté creando en su domicilio verdaderos monstruos que mañana considerarán opinables cosas como la pertinencia del crimen o la bondad de la esclavitud? 'Cada uno tiene derecho a expresar su opinión '. Desde los años en los que se estrenó esa frase en España las cosas no han cambiado demasiado o, mejor dicho, han cambiado pero para mal. Al 'opinador creativo', o sea a aquél que tenía su propia opinión sobre las relaciones del Sol con la Tierra le está sucediendo en los últimos años el opinador mimético, el que también es capaz de cuestionar que la Tierra gire alrededor del Sol pero sólo si lo ha oído antes cuestionar en una tertulia radiofónica. Como se puede observar, el disparate sigue siendo más o menos el mismo pero ahora parece un poco menos creativo que antes. Ahora es plagiado. Ahora se cuestiona que la Tierra gire alrededor del Sol porque un tertuliano lo ha cuestionado en la Ser, es decir que, retomando la aseveración de Ángela Vallvey y dándole una vuelta de tuerca más acorde con el espíritu de los nuevos tiempos, 'la opinión seguiría siendo como el culo' en efecto pues todos tenemos uno, pero algunos lo tienen prestado. Algunos tienen la opinión como las nalgas estereotipadas del 'photoshop', retocadas o robadas al vecino.
En realidad lo que dice Ángela Vallvey es más una utopía que un hecho consumado. En realidad la opinión no es sino que debería ser como el culo, algo personal que nos cuidamos a base de moverlo sandungueramente de un lado para otro. Cuando uno ve ciertas mentes demasiado espesas asentadas, grasientas, gordas, cebadas con un mal pienso ideológico le dan ganas de decir: 'mueve la opinión un poco'.







