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Guipúzcoa

GUIPÚZCOA
Una nueva puerta hacia el Paleolítico
Las excavaciones que Aranzadi ha realizado en Lezetxiki este verano han puesto al descubierto herramientas de hace 150.000 años, las más antiguas halladas en Euskadi
19.08.07 -
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Una nueva puerta hacia el Paleolítico
METICULOSIDAD. Un equipo de investigadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi excava en el suelo alrededor de un hallazgo. / EFE
Lezetxiki continúa siendo un fascinante mirador por el que asomarse al modo de vida de las primeras ocupaciones humanas del País Vasco. La cueva de Arrasate acaba de entregar un nuevo tesoro al mundo de la arqueología con el hallazgo del conjunto de herramientas más antiguas de toda Euskal Herria bajo su manto de sedimentos arcillosos.

Se calcula que los últimos núcleos de piedra descubiertos en el yacimiento eran utilizados por el hombre hace 150.000 años para construir útiles. Las piezas localizadas pertenecen al paleolítico inferior y servirán para resolver viejos enigmas sobre los usos y costumbres de los primeros vascos. «No se trata de objetos tan vistosos como los del paleolítico superior, dotado de materiales más bonitos, pero hay que tener en cuenta que nos situamos miles de años atrás», señala María José Iriarte, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Iriarte subraya la relevancia de estas piezas a la hora de descifrar el pasado: «Son unos hallazgos muy importantes para la obtención de información sobre las primeras ocupaciones humanas del País Vasco y la Cornisa Cantábrica».

Mandíbulas, dientes...

Lascas, mandíbulas de oso, dientes de mamíferos, percutores y núcleos de cuarcita forman parte de la colección de piezas que el grupo de exploradores de Lezetxiki muestra como resultado de un mes de intensas excavaciones localizadas entre el collado de Kobate y la cima de Bostate. La zona kárstica se asemeja a un túnel debido al paso de un caudal por sus adentros. La erosión del agua fue moldeando la cavidad subterránea y los sucesivos derrumbes han ido cambiando su aspecto.

A pocos metros de la cueva original figura Lezetxiki II, otro de los tesoros de la zona cuya imagen se acerca más a la idea de cueva que todo el mundo tiene en mente. La segunda cavidad tiene 4 metros de longitud y 2,71 metros de altura. El sedimento llega casi hasta el techo y las excavaciones se realizan hacia abajo. «Desde aquí no falta mucho para llegar al punto en el que se halló el famoso húmero en 1965», explica el grupo de arqueólogos.

«Una fase impredecible»

Todos los meses de julio desde hace trece años, el profesor de prehistoria y arqueólogo de Aranzadi Álvaro Arrizabalaga visita puntualmente Lezetxiki junto a una veintena de alumnos.

El joven grupo de exploradores dedica cuarenta horas semanales a levantar meticulosamente las profundidades de la cueva a base de instrumentos tan rudimentarios como cuchillas de metal y madera. Todos ellos albergan la esperanza de encontrar cualquier resto que hagan avanzar la investigación. «En cuanto aparece algún material sospechoso lo llevamos a la criba y tenemos muchísimo cuidado de no dañarlo. Hace poco hallamos una mandíbula de oso y ni siquiera nos aventuramos a quitarle la tierra incrustada en la parte inferior», explica el grupo. Sin embargo, el impacto de los bloques de piedra es inevitable y los huesos presentan habitualmente varias fracturas.

Aritza Villaluenga es uno de los componentes del equipo de trabajo y conoce al dedillo las labores de Lezetxiki. Natural de Portugalete y recién licenciado en historia en la UPV, Aritza prepara ahora una tesis sobre los carnívoros en el medio kárstico, estudio para el que la experiencia vivida en Lezetxiki le servirá de gran ayuda. «Me parece que estamos en una fase muy interesante de la investigación, se trata de una parte inédita en la que no sabes lo que vas a encontrar», considera Aritza, que ha pasado los tres últimos veranos enfrascado en las labores del yacimiento de Garagarza.

Cerca de la roca madre

Los nuevos métodos de investigación abren todo un horizonte de posibilidades al alcance de los exploradores. Entre los innumerables estudios figura el paleoambietal, mediante el que es posible descubrir cómo era el paisaje alrededor del yacimiento a través del polen.

El análisis de carbones por su parte, permite saber qué madera seleccionaba el ser humano para quemar. Sin embargo, desde Aranzadi no pronostican una vida muy larga a los trabajos de Lezetxiki y calculan que no tardarán en alcanzar la roca madre.

Las excavaciones se encuentra en una fase muy avanzada, con el grupo alcanzado el punto 7 tomando como referencia la línea roja marcada por Barandiaran.

Mientras la aventura dure, los jóvenes exploradores no cesarán en el empeño de exprimir al máximo las riquezas de la cueva. Ellos han regresado ya a sus casas y Lezetxiki cuelga el cartel de cerrado hasta el próximo verano, pero muchos volverán.
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