
En este pueblo minero de apenas 547 familias no hay quien no se sienta tocado de una manera o de otra por la agonizante búsqueda de los seis mineros atrapados en las entrañas de la mina desde el pasado día 6, cuando un movimiento sísmico de 3,9, generado en el interior de la montaña, destruyó la estructura que soporta las excavaciones.
Desde entonces no ha habido la menor señal de que queda vida en la galería subterránea. Nadie sabe siquiera si los mineros sobrevivieron al derrumbe, pero los que se aferran a la fe encuentran señales para creer en el milagro, aunque se prodiguen en hilos desesperados. Una de las sondas detectó oxígeno en una cavidad, y con ello surgió la esperanza de que se hubieran refugiado en esa gruta. El jueves, la euforia se desbordó cuando un geófono detectó cinco minutos de vibraciones, pese a que los operarios no pudieron afirmar siquiera que el movimiento procediese del interior de la tierra, y aún menos descartar que perteneciese a un animal o un ligero derrumbamiento.
Los hombres del equipo de rescate se lanzaron con más ahínco que nunca, sin imaginarse que iban a encontrarse con su propia muerte. «Anoche hubo aquí un esfuerzo heroico», dijo ayer el portavoz de la empresa minera Richard Stickler.
De héroes está lleno el cementerio, y el de Huntington tiene desde hoy tres más. La montaña volvió a retorcerse por un nuevo temblor y con ello se desmoronaron las plataformas de seguridad con las que iban apuntalando el camino hacia el rescate. Dos hombres murieron en el acto, un tercero al llegar al hospital, y seis más resultaron heridos. A las afueras de la mina, donde todo el pueblo hace penitencia desde hace casi dos semanas, se repitieron las escenas de horror, los rostros atormentados y el ulular de las ambulancias.
Con ellas se iban también las esperanzas de las familias de esos Big John perdidos desde hace doce días. Las tareas de rescate han sido suspendidas «indefinidamente» y las autoridades evalúan si vale la pena arriesgar más vidas. «La montaña se está ajustando y es imposible predecir lo que va a hacer después. Creo que todo el mundo necesita dar un paso atrás, respirar hondo y evaluar lo que hay ahí», dijo David Mcafteer, ex asesor de seguridad minera en el Ministerio de Trabajo.






