
El 'movimiento de ficha' del banco central de EE UU es un claro síntoma de su profunda preocupación por los efectos de las turbulencias financieras que estallaron el pasado día 9. Aunque el secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson, ha admitido que tendrán «un impacto» en la actividad, la fulminante intervención de la Reserva Federal y las palabras que utilizó para justificarla insinúan que la situación es más grave de lo que se ha reconocido hasta ahora.
El 'crack' del negocio de los préstamos de alto riesgo -concedidos a personas con escasa solvencia- ha «deteriorado las condiciones» de los mercados, explicó la institución que preside Ben Bernanke. La resistencia de los bancos a dejarse dinero entre sí al no tener la plena certeza de que esos competidores no estén 'contaminados' por ese fenómeno y les van a devolver el dinero se han traducido en una «restricción del crédito». Este hecho, unido a la «mayor incertidumbre» existente, «podrían impedir que continúe el crecimiento económico», aseguró.
Crisis de la construcción
Aunque EE UU mantiene una expansión «moderada» -un 3,4% en el segundo trimestre-, «en estas circunstancias» la entidad «opina que los riesgos de deterioro» de la actividad «han aumentado apreciablemente». La Reserva Federal teme que las mayores dificultades para conseguir dinero agudicen el declive de la vivienda -las ventas han caído en picado, al igual que la construcción de inmuebles, y los impagos se disparan por el alza de los tipos-, destruya empleo masivamente y derive en una gran crisis al frenar la producción y el consumo. Por ello hizo hincapié en que «vigila la situación» y actuará «según sea necesario» para mitigar los efectos «adversos» de la crisis desatada por las 'hipotecas basura'.
La reducción en medio punto , hasta el 5,75%, del precio al que presta dinero a los bancos -el tipo oficial de referencia continúa en el 5,25%- fue decretada por el Comité de Mercado Abierto, el órgano rector del organismo, al margen de sus reuniones regulares. Se trata de un hecho sin precedentes desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. La medida, que pretende garantizar la liquidez del sistema, se suma a las inyecciones de efectivo que por valor de 58.679 millones de euros ha realizado desde el pasado día 9 para impedir un colapso crediticio.
La iniciativa cogió por sorpresa a las bolsas, que aún no se habían repuesto del varapalo del jueves, el mayor desde que estalló la tormenta financiera. Las principales plazas financieras habían despertado con el desplome en un 5,4% del índice Nikkei de Tokio, a pesar de que el Banco de Japón abrió de nuevo el 'grifo' y, en su cuarta intervención para calmar a los mercados, 'colocó' en ellos 1,2 billones de yenes (7.779 millones de euros). Los parqués vivieron presas del nerviosismo y de una alta volatilidad durante las primeras horas de la sesión. Los avances moderados, fruto de compras de valores que habían quedado en precios muy atractivos tras los reveses de los últimos días, se sucedían a caídas de escasa cuantía.
Empujan los bancos
La movilización de la Reserva Federal supuso un alivio para los inversores y desencadenó un fuerte rebote. El Ibex se anotó al final un 1,84% al cerrar en 14.237,50 puntos. De esa forma, su balance anual se olvida -al menos, por ahora- de los 'números rojos': acumula un avance desde enero del 0,64%. Los bancos, que habían retrocedido con fuerza el día anterior, empujaron al alza. El Santander ganó un 4,15%; y el BBVA, un 3,02%. Las subidas en las grandes bolsas europeas oscilaron entre el 1,49% de Fráncfort y el 3,5% de Londres. Wall Street avanzó el 1,77%.
Pese al repunte de ayer, los expertos advierten de que la tormenta no ha pasado. La incertidumbre sigue instalada en los mercados, por lo que cualquier indicio de agravamiento de la crisis financiera o de su impacto en la economía real puede desencadenar nuevos desplomes de los índices.







