
El luctuoso suceso se produjo apenas 36 horas después de la apertura de la media veda de caza en Álava. Empleado de la multinacional Pepsico, Gumersindo -que deja dos hijos- disfrutaba de sus vacaciones en el pueblo navarro donde nació su esposa y ayer por la mañana acudió a cazar a Gereñu, donde residen dos de sus hermanos. «Venía a encontrarse conmigo. Había pasado la noche del martes al miércoles en el pueblo, que estaba en fiestas, y quedamos en vernos hoy (por ayer) aunque no habíamos fijado una hora concreta», explicaba a este diario Eugenio Íñiguez de Heredia, abrumado y conmocionado por lo ocurrido.
«Oí unos tiros»
Encargado de guardar en su casa los perros de Gumersindo, Eugenio intuyó hacia las ocho de la mañana que su hermano había llegado a Gereñu. «A esa hora oí unos tiros y pensé que era él». Sin embargo, no salió a su encuentro. «Yo estaba con el ganado y esperaba que él se dirigiera a la zona donde me encontraba, muy cerca del pueblo», agregó.
Pero Gumersindo no llegó. Otro de sus hermanos, José Benito, halló su cadáver poco antes de las nueve y media de la mañana, cuando se dirigía a cambiar unas tuberías de riego en un terreno próximo a su casa. «En medio de una rastrojera, a unos quince o veinte metros de la carretera ente Gereñu y Langarika, vi unos perros de caza: eran los de mi hermano. Fue entonces, al acercarme, cuando vi un cuerpo tendido boca abajo...», relataba a EL CORREO cuatro horas después.
Segundos después, comprobaba horrorizado que se trataba de Gumersindo y daba la voz de alarma. Agentes de la Policía vasca acudieron al lugar y confirmaron la muerte del cazador, cuya cadáver era levantado por orden judicial hacia las 11.30 horas y conducido al servicio de Patología Forense de Vitoria, donde se le practicará la autopsia.
El Juzgado de Instrucción número 1 de la capital alavesa ha abierto una investigación para tratar de esclarecer las circunstancias de la muerte de Gumersindo.








